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Capítulo 91:
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Pamela alzó la vista hacia la luna, dejó escapar un suspiro largo y silencioso y, tras un instante, comenzó a hablar. «No dejes que el apellido Gilbert te haga creer que Kellan lo tuvo fácil. La verdad es que su infancia fue increíblemente dolorosa. Su padre y yo estábamos tan absortos en el trabajo que dejamos que todo lo demás, incluido él, quedara en segundo plano. Contratamos a una niñera, le pagamos más que generosamente y nos dijimos a nosotros mismos que eso era suficiente. Pero no lo era».
Alina se quedó quieta, escuchando con atención.
Pamela continuó, con la voz temblorosa. «Aquella mujer guardaba un profundo resentimiento hacia las familias adineradas y estaba muy enferma. Maltrataba a Kellan constantemente. No nos enteramos hasta el día de su cumpleaños. Le habíamos prometido que estaríamos en casa a tiempo para celebrarlo y, sin embargo, llegamos tarde. Cuando por fin cruzamos la puerta, lo encontramos inconsciente, sumergido en una bañera llena de agua helada…»
Los ojos de Pamela brillaban, con las lágrimas a punto de derramarse.
Un escalofrío recorrió lentamente la espalda de Alina.
L𝖾e e𝘯 с𝘶𝗮𝗅𝗾𝘂іe𝘳 𝘥𝗶𝗌pоѕ𝘪𝘁i𝘷𝗼 𝗲𝘯 nо𝗏𝘦𝗅𝗮𝘴𝟰𝗳аn.𝖼𝘰𝘮
Nunca habría imaginado que aquel hombre sereno y formidable que ella conocía hubiera cargado con una carga tan pesada desde que era niño.
«Esa mujer era despreciable», soltó Alina antes de poder contenerse.
«Lo era, y afrontó las consecuencias de lo que hizo. Pero el daño ya estaba hecho. A partir de aquel día, algo cambió entre Kellan y yo. Se creó una distancia que nunca pudimos acortar del todo. No fue hasta entonces cuando me di cuenta de que mi hijo ya tenía diez años y yo no había estado presente en ninguno de sus cumpleaños. La única vez que prometimos estar allí, le fallamos». La voz de Pamela sonaba apesadumbrada, agobiada por una culpa de la que nunca había podido librarse.
Alina no dijo nada, solo apretó los labios, sin saber muy bien qué decir.
De repente, todo cobró sentido para ella: no era de extrañar que Kellan no quisiera saber nada de los cumpleaños. Para él, nunca habían sido una celebración, solo un recordatorio de que le habían fallado.
«Pero ahora te tiene a ti, y eso lo es todo». Pamela se volvió para mirarla, con una cálida sonrisa en el rostro. «Lo veo claramente: la forma en que te mira, cómo se comporta contigo. De verdad se preocupa por ti, Alina. Espero de todo corazón que te quedes a su lado. Lo que necesites o quieras, solo tienes que pedirlo, y nos aseguraremos de que lo tengas».
Alina abrió la boca, pero no le salieron las palabras. Sabía que había un malentendido en todo esto. No podía hacerse a la idea de que Kellan sintiera algo por ella.
«De acuerdo», dijo en voz baja, casi sin pensar. Pero incluso mientras lo decía, su mente ya estaba en otra parte. Enterrar los recuerdos dolorosos no los curaba. En todo caso, solo hacía que se pudrieran en silencio bajo la superficie.
Una idea comenzó a tomar forma en su mente.
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