✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 58:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Iris estaba encerrada en su cuarto de baño, sentada en el frío suelo de baldosas con la espalda apoyada contra la bañera. Había abierto el grifo del lavabo a toda potencia para que el sonido del agua corriente ahogara sus sollozos. No se permitía llorar a menudo. Llorar significaba perder el control, y perder el control era peligroso. Pero la aparición de Wayne había hecho estallar el dique.
Se miró en el espejo de cuerpo entero de la puerta. No vio a una mujer hermosa y elegante de veinticuatro años. Vio a una niña de diez años con las rodillas raspadas y la ropa sucia, escondida debajo de la cama mientras los pesados pasos de Wayne resonaban por el viejo pasillo de madera.
Flashback.
El olor a moho. El chasquido de un cinturón de cuero. La voz de su madre, Evelyn (no, su madrastra; Evelyn nunca había sido su madre), subiendo el volumen de la televisión en el salón para que no oyera los gritos.
𝗥𝗼m𝖺𝗻с𝘦 𝘪ո𝘵e𝗇s𝗈 eո ո𝗼v𝖾𝗅as4𝗳𝘢ո.c𝘰𝘮
«Eres una niña mala, Iris. Tienes que aprender a estar agradecida».
El recuerdo cambió. Era de noche. Llovía. Había escapado por la ventana del baño, cortándose el brazo con el marco oxidado. Corrió hacia el bosque, en busca del único lugar seguro que conocía: la cueva detrás de la colina.
Entró a trompicones en la cueva, empapada y sangrando. Pero no estaba sola.
Allí había un chico. Un chico rico con ropa cara, pero estaba sucio, herido y ardiendo de fiebre. Se había perdido durante una acampada.
Olvidándose de su propio dolor, Iris se acercó a él.
«¿Estás bien?», preguntó la pequeña Iris.
El chico abrió los ojos. Estaban llenos de miedo. «Tengo frío. Está muy oscuro».
Iris sacó su única botella de agua y se la dio. Se quitó la chaqueta fina y se la puso encima. Luego se sentó a su lado y le cogió la mano.
«No tengas miedo. Yo te cuidaré».
El niño se aferró a su mano como si fuera un salvavidas. «No me dejes solo en la oscuridad. Prométemelo».
«Te lo prometo», dijo ella. Y para calmarlo, empezó a cantar. Una nana que su verdadera madre solía cantarle antes de morir. «Duerme, pequeño, duerme ya…»
A la mañana siguiente, antes de que llegaran los equipos de rescate, el niño, medio delirante, arrancó un botón dorado de su camisa. Tenía un escudo grabado.
«Para que puedas encontrarme», dijo. «Cuando sea mayor, te protegeré. »
Fin del flashback.
Iris volvió al presente. Con las manos temblorosas, rebuscó en su neceser de viaje. Sacó un pequeño tarro de crema facial y desenroscó el doble fondo oculto.
Allí, sobre un trozo de algodón, estaba el botón dorado. El escudo de los Kensington.
Lo acarició con el pulgar. Era su talismán. La prueba de que, una vez, hacía mucho tiempo, había sido valiente y bondadosa. La prueba de que existían hombres que no eran monstruos.
Sabía que aquel chico era Ethan. Lo había sabido desde el momento en que vio el escudo familiar el día de su boda. Pero nunca se lo dijo. ¿Cómo iba a hacerlo? Él la miraba con desprecio y amaba a su hermana. No recordaba a la chica de la cueva; recordaba una fantasía. E Iris Sterling, la esposa destrozada, no encajaba en esa fantasía.
«Mentiroso», susurró Iris al botón. «Dijiste que me protegerías».
.
.
.