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Capítulo 876:
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—Tú… —comenzó Marc, pero vaciló, con las palabras atascadas en la garganta.
Quería preguntar: ¿por qué Slater? ¿Por qué estaba tan distante?
Pero no se atrevió a decirlo. Ni siquiera estaba seguro de querer oír la respuesta.
En ese momento, el teléfono de Charlee vibró.
—Hola, Mooney, ¿qué pasa?
Contestó la llamada y se llevó el teléfono al oído.
—Señora Sullivan, tengo algunas pistas sobre ese trabajador de saneamiento. ¿Puede venir ahora?
La voz de Mooney se escuchó a través de la línea, directa y urgente.
—De acuerdo, ahora mismo voy.
Terminó la llamada y se volvió hacia Marc, con expresión tranquila. —Tengo algo que hacer. Me voy ya. Y con eso, se marchó.
—Marc, tengo un poco de malestar estomacal. Necesito ir al baño —dijo Bettina en voz baja mientras se acercaba a él.
—De acuerdo —respondió Marc con indiferencia, sin apenas prestarle atención. Sin decir nada más, Bettina se dio la vuelta y se marchó.
Marc la observó mientras se alejaba, y la irritación que lo carcomía se intensificó. Luego, cambiando el foco de su atención, se volvió hacia Slater. Su voz era aguda y fría. «¿Cuál es exactamente tu relación con Charlee?».
Slater esbozó una sonrisa lenta y deliberada. «¿No has perdido la memoria? ¿Por qué te importa?». Su voz era firme, mesurada, pero con un toque de provocación. «Además, ¿no es la señorita Walsh tu prometida?».
La expresión de Marc se ensombreció aún más.
Slater, imperturbable, irradiaba una confianza natural.
—Mi relación con Charlee es exactamente como la ves.
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Slater mantuvo la voz tranquila y serena, pero se percibía una firmeza inequívoca en ella.
Mooney se colocó delante de Charlee, con expresión grave, apretando con fuerza un documento en la mano.
Su voz era firme y mesurada cuando informó:
Señora Sullivan, hemos descubierto todos los detalles del accidente de coche de esa noche. El millón de dólares transferido a la cuenta bancaria del trabajador de limpieza… no hay duda. El dinero procedía del señor Harris… de la cuenta de Marc».
Las pupilas de Charlee se contrajeron y un ligero temblor recorrió sus dedos.
Luchó por mantener la compostura, pero bajo la superficie se desataba una tormenta.
Mooney dudó un momento antes de continuar: «Y hay más. El trabajador de limpieza ha confesado. Ha admitido que fue Marc quien le ordenó… cortar los frenos de su coche».
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