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Capítulo 1421:
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El mayordomo temía que el peso de haber rechazado accidentalmente al auténtico Sanador recayera directamente sobre sus hombros. La ira de Lucian no era algo a lo que quisiera enfrentarse.
El mayordomo tomó una decisión: enviaría un mensaje a Lucian inmediatamente.
La incredulidad de Lyla se convirtió en furia. La idea de que Elena fuera la Sanadora era más que absurda. Se volvió hacia el mayordomo con los ojos encendidos.
—¿Has perdido completamente el juicio? Esa mujer no es más que una tonta sin cerebro que va dando tumbos por la vida. ¿Cómo podría ser la Sanadora?
Luego volvió a centrar su atención en Elena, con una sonrisa tan afilada como el cristal roto.
—Elena, si tu objetivo es ganarte a mi madre, al menos inventa una historia creíble. ¿De verdad crees que soy tan ingenua como para creer que eres la Sanadora?
Elena ladeó ligeramente la cabeza y habló con voz melosa.
«Ah, así que reconoces tu propia estupidez».
—¡Tú! —Lyla apretó los dientes de forma audible, perdiendo la compostura—.
—¡Asumes que el afecto de Wesley te hace intocable! ¡Me aseguraré de que vea exactamente qué tipo de serpiente eres en realidad!
Los dedos de Lyla volaron hacia su teléfono, listos para marcar el número de Wesley.
«¿Qué causa todo este alboroto?», preguntó Lucian desde la escalera.
La postura agresiva de Lyla se desvaneció al instante, sustituida por una dulzura empalagosa.
—Papá, Elena está contando las historias más ridículas, insistiendo en que ella es la sanadora que tú invitaste personalmente para tratar a mamá.
La transformación fue tan discordante que Elena arqueó las cejas con auténtico asombro. Tal talento teatral se desperdiciaba fuera de la industria del entretenimiento.
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La mirada de Lucian se posó en Elena con intensidad calculadora.
«¿Eres tú la sanadora?».
Elena miró su reloj con deliberada precisión. Ya habían superado los diez minutos de la hora de la cita.
—Sr. Stanley, si ha cambiado de opinión sobre mi tratamiento a la Sra. Stanley, lo entiendo perfectamente. Sin embargo, los treinta millones de dólares no son reembolsables.
Quince minutos era su límite. Más allá de ese punto, la partida no constituiría un incumplimiento de contrato.
La risa de Lyla era aguda y burlona.
«¿Sigues representando esta elaborada obra de teatro para complacer a mi padre?».
Elena la ignoró por completo, manteniendo una mirada fija en Lucian.
Lucian se apartó con mesurada elegancia.
—Mi esposa me espera arriba. Señorita Harper, si es tan amable.
El mundo de Lyla se tambaleó. ¿Acaso su padre había perdido por completo el juicio? ¿De verdad se creía las absurdas afirmaciones de Elena? —¡Papá, es una completa farsante! ¡No puedes pensar en serio dejar que esta mujer se acerque a mamá!
La mirada de Lucian se volvió gélida y su voz acalló las protestas de Lyla.
«Si es un fraude o no, eso lo decidiré yo».
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