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Capítulo 659:
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Renee ansiaba discutir, insistir en que no era más que una cruel broma del destino. Sin embargo, con las condenatorias pruebas fotográficas extendidas ante ella, frías e implacables, sus defensas se derrumbaron, dejándola sin palabras y con el corazón al descubierto.
Renee respiró hondo, recomponiéndose antes de hablar. «Es como si hubiera entrado en la escena equivocada en el peor momento posible y ahora todo el mundo me señalara, convencido de que soy la culpable».
William entrecerró los ojos, y su escepticismo se convirtió en un peso tangible que inmovilizó a Renee. «¿Estás diciendo que no eres tú la que aparece en esas fotos?». Renee encogió los hombros, y una pizca de desesperación le sacudió el ánimo. Asintió con renuencia. «Soy yo, no lo voy a negar, pero todo es un enredado malentendido. Ese día no me encontraba bien y me desmayé…».
William deslizó la foto por la mesa, aquella en la que Renee y Ryder parecían perdidos en los ojos del otro, una pareja perfecta sacada de un cuento de hadas. No era de extrañar que algún aficionado a la fotografía no pudiera resistirse a hacerles fotos.
¡Qué escena tan conmovedora!
«Eso fue justo antes de desmayarme», insistió Renee con voz sincera. «Tenía los ojos abiertos, sí, pero juro que ya estaba viendo la luz, me estaba desvaneciendo incluso entonces…».
William regresó de su llamada telefónica con una expresión de inquietud. La tensión en sus rasgos dejaba claro que lo que acababa de enterarse le estaba afectando mucho. Incluso sus ojos, normalmente agudos, mostraban una profundidad inusual de tristeza.
Renee notó inmediatamente el cambio en su comportamiento. «¿Qué pasa? ¿Qué ha ocurrido?», preguntó, cada vez más preocupada.
Durante un momento, William se limitó a mirarla, con la mirada distante, como si su mente aún estuviera procesando la noticia. Tras un largo silencio, finalmente habló, con voz lenta y mesurada. «Damir… ha fallecido».
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Renee se quedó rígida. «¿Se ha ido? ¿Qué quieres decir? ¿Qué le ha pasado?».
William exhaló, cerrando los ojos durante un breve segundo antes de responder: «Se ha quitado la vida».
Se le cortó la respiración. ¿Damir se había suicidado? Eso no tenía sentido. ¿Por qué habría recurrido a algo tan drástico? La investigación aún no había llegado a su conclusión final. Aún había esperanza. Incluso si lo declaraban culpable, las pruebas disponibles no habrían dado lugar a una sentencia severa. ¿Qué podría haberlo empujado a tomar esa decisión ahora?
Cuanto más intentaba encontrarle sentido, más se resistían las piezas a encajar.
William ya estaba cogiendo su abrigo. «Me voy al centro de detención».
Renee se levantó de un salto de la cama sin dudarlo. —Voy contigo. Él estaba a punto de objetar, pero cuando vio la preocupación grabada en su rostro, lo reconsideró. Con un ligero movimiento de cabeza, la dejó acompañarlo.
Al llegar al centro de detención, se encontraron con un rostro familiar. —Capitán Ramsey, cuánto tiempo sin verlo —lo saludó William.
Zeke les dedicó una sonrisa cortés a ambos antes de devolver el saludo. —Señorita Carter, señor Mitchell. Me alegro de verlos.
William fue directo al grano. Su voz se mantuvo firme, pero había un tono cortante en ella. —Cuénteme todo. ¿Qué pasó exactamente con Damir?
Zeke exhaló lentamente y su expresión se volvió sombría. —Ingirió una dosis letal de cianuro.
Un pesado silencio se apoderó de ellos. Renee y William se miraron, y en esa sola mirada, la misma conmoción se reflejó en los ojos de ambos.
Sin perder un segundo, Renee siguió adelante. —¿De dónde sacó el cianuro?
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