✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 1951:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
En las primeras horas antes del amanecer, se oyó un repentino golpe en la puerta. Sobresaltada, se preguntó quién vendría a esas horas. Se giró hacia la puerta con cautela. Al instante siguiente, esta se abrió y Milford entró corriendo, agarrando con fuerza un pequeño frasco. Su rostro se iluminó con una emoción incontenible.
—¡Stella, lo hemos conseguido! ¡El antídoto está listo!
Ella lo miró fijamente, atónita, mientras su mente se esforzaba por asimilar sus palabras. Por un momento, pensó que estaba imaginando cosas debido al agotamiento extremo. —Milford, ¿qué acabas de decir?
Sin dudarlo, Milford le puso el frasco en las manos. El líquido que contenía era transparente y sencillo, igual que el agua corriente. Nada en él daba pistas sobre su importancia.
Pero la voz de Milford temblaba de una alegría apenas contenida. «Por fin hemos superado la parte más difícil. El antídoto ha superado todas las pruebas. Es seguro para su uso en humanos. Dile a la enfermera que se lo administre a William por vía intravenosa inmediatamente».
Administrárselo directamente en el torrente sanguíneo permitiría que el medicamento comenzara a actuar lo antes posible.
ո𝗎е𝘷oѕ с𝖺𝗉ít𝗎𝗹𝗼ѕ 𝘴e𝗆an𝘢𝘭еs 𝖾ո 𝗇ov𝘦𝘭a𝗌𝟦f𝘢𝗇.𝖼𝗈𝗺
A Stella le temblaban las manos mientras sostenía el frasco. Las lágrimas le llenaron los ojos y le resbalaron por las mejillas.
«Esto es increíble… realmente increíble. Así que los milagros sí que ocurren».
Una enfermera se acercó rápidamente y administró con cuidado el antídoto en las venas de William. Todos los presentes en la sala guardaron silencio, con la atención fija en el monitor.
Pasó un minuto. Luego dos. Luego cinco.
De repente, la frecuencia cardíaca que se mostraba en la pantalla empezó a cambiar. Las líneas, antes erráticas, se estabilizaron lentamente, y su presión arterial comenzó a subir.
El médico miró a Stella y a Milford con asombro. «Esto es increíble. ¡Ya está haciendo efecto!».
Aferrándose a la mano de William, Stella rompió a llorar. «William, ¿me oyes? El antídoto ya está en tu cuerpo. Te estás recuperando. Por favor… te lo ruego… despierta».
Al caer la tarde, las pestañas de William temblaron levemente.
Stella percibió ese sutil movimiento al instante. Todo su cuerpo se tensó mientras se inclinaba hacia él, observándolo sin pestañear.
Poco a poco, abrió los ojos. Al principio, su mirada vagaba, desenfocada, como si no tuviera ni idea de dónde estaba. Pero, al cabo de unos segundos, sus ojos encontraron a Stella a su lado.
«Stell… eres tú».
Stella lo envolvió al instante en un fuerte abrazo. «Soy yo. Siempre he sido yo. ¡Te dije que nunca te dejaría!».
Al cabo de tres días, el estado de William se estabilizó. La mayor parte de las toxinas se habían eliminado de su organismo. El resto solo necesitaba tiempo para desaparecer.
Milford observaba cómo Stella cortaba con cuidado un poco de fruta para William. Con voz suave, dijo: «Siempre que descanse lo suficiente, no le costará recuperarse por completo. Por ahora, solo tiene que evitar el esfuerzo y centrarse en recuperarse».
William lo miró con profunda gratitud. «Gracias, Milford».
Aquella pequeña ampolla de antídoto realmente lo había rescatado del borde de la muerte. De hecho, aquella noche tuvo un sueño largo y vívido, lleno de fragmentos de toda su vida. Al recordarlo ahora, se dio cuenta de que debían de haber sido sus últimos momentos, como si su vida pasara ante sus ojos. Pero justo antes de que todo llegara a su fin, apareció una luz blanca y brillante. Y entonces… se despertó y encontró a Stella a su lado. Incluso ahora, todo le parecía irreal, como algo sacado de un sueño.
.
.
.