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Capítulo 217:
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«¡Kaylyn! ¿Estás herida?».
En cuanto Kaylyn lo vio, toda su contención se desvaneció. Las lágrimas brotaron sin vergüenza, pintando sus mejillas con rayas de angustia.
«Por fin estás aquí, Derek. Me duele mucho la mano. ¿Está rota?». Derek se inclinó a su lado, sujetándola por los hombros con un brazo mientras le susurraba: «Te pondrás bien. Aguanta».
Desde donde yacía, Allison sintió cómo la amargura le subía por el pecho como una marea que no podía contener.
Todos esos años a su lado, y ni una sola vez la había mirado con tanta urgencia.
No hacían falta grandes gestos para ver dónde estaba realmente el corazón de alguien; a veces, el silencio lo decía todo.
Fue Rylan quien finalmente la vio; abrió mucho los ojos y corrió hacia la segunda figura que yacía en el suelo.
«¡Allison! ¿Me oyes? No cierres los ojos, viene la ambulancia».
Estaba claramente nervioso, sin rastro de su habitual compostura.
Al principio, al igual que Derek, se había centrado directamente en Kaylyn.
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Los sollozos de Kaylyn habían acaparado toda la atención, y su delicada actuación había atraído todas las miradas.
Pero una mirada a Allison revelaba una historia diferente: su estado era mucho peor.
La ambulancia aún no había llegado. Y los ojos de Allison comenzaban a apagarse. La voz de Rylan se quebró al gritar su nombre.
Al oír la alarma de Rylan, Derek finalmente volvió la cabeza.
Y fue entonces cuando la vio: Allison, seminconsciente, ensangrentada y apenas consciente.
La máscara de calma se resquebrajó por un instante antes de que él la volviera a colocar en su sitio. Su mano se deslizó del hombro de Kaylyn mientras se inclinaba instintivamente hacia Allison.
Pero Kaylyn se aferró a la pernera de su pantalón con la mano que no tenía lesionada. «Derek, por favor. Me duele. No te vayas».
Ella lo miró con ojos suplicantes, con voz suave y lastimera. «Quédate conmigo».
Él se quedó paralizado entre dos mujeres: una a la que decía amar y la otra, su exmujer.
Durante un largo segundo, no se movió.
Y en esa pausa, mientras nadie miraba, Kaylyn inclinó la cabeza hacia abajo y sonrió con aire burlón.
Allison no era nada; Derek la había elegido a ella.
En cuanto contara su versión de los hechos en el hospital, Derek cerraría la última puerta de su corazón a Allison.
Las lágrimas se aferraban a las comisuras de sus ojos mientras sus dedos apretaban con fuerza los pantalones de él, con los nudillos pálidos por la desesperación. «Tengo miedo, Derek».
Él dudó, pero luego le apartó la mano con delicadeza. «Volveré, Kaylyn. Espera aquí».
Sin decir nada más, se dio la vuelta y se dirigió hacia Allison, dejándose caer al suelo junto a su maltrecho cuerpo.
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