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Capítulo 216:
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Allison no podía creer lo retorcida que era. «Ya no soy la esposa de Derek. Nuestros lazos terminaron con el divorcio. Ese acuerdo era parte del trato. No tiene nada que ver contigo».
La expresión de Allison se volvió fría, y su tono aún más. «Si te atreves a volver a sacar este tema, no esperes que siga siendo educada».
¿De verdad pensaba Kaylyn que podía seguir presionándola sin enfrentarse nunca a ninguna reacción?
Allison y Kaylyn se quedaron en el borde de la calle, a solo unos pasos del constante torbellino de coches que pasaban.
Justo cuando Allison terminó su frase, algo cambió en la expresión de Kaylyn, algo no estaba bien.
Sin previo aviso, Kaylyn se tambaleó, sus pies tropezaron como si su equilibrio la hubiera traicionado de repente.
Al final de la calle, un coche se abrió paso entre el tráfico, dirigiéndose hacia ellas a una velocidad alarmante.
El reflejo se activó: Allison se lanzó hacia adelante, con el brazo extendido. Ver a alguien caer al tráfico no era algo que pudiera permitir. Su mano no dio en el blanco. En cambio, Kaylyn la agarró y, en un giro impactante, la empujó a la calle con un tirón violento.
Una estridente ráfaga de bocinas rompió el aire.
El sonido era ensordecedor. Para Allison, el mundo se quedó en silencio por un segundo, como si sus oídos acabaran de fallar.
Entonces llegó el impacto, repentino y brutal. Su cuerpo giró en el aire como una muñeca de trapo antes de estrellarse con fuerza contra el pavimento.
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Los neumáticos chirriaron. El conductor abrió la puerta y gritó: «¿Qué demonios? ¿Estás loca? Si quieres morir, ¡elige otro lugar!».
Sin dudarlo, se apresuró a acercarse, comprobó si había señales de vida y comenzó a llamar a los servicios de emergencia.
Cada centímetro del cuerpo de Allison gritaba de dolor. El dolor era intenso e implacable, no había duda de lo que acababa de pasar.
El dolor lo nublaba todo. No podía mover los brazos. Sentía los dedos como si no fueran suyos. Lo único que podía hacer era quedarse allí tumbada, mirando cómo se retorcía el cielo sobre ella.
Cuando consiguió girar la cabeza, vio a Kaylyn a unos metros de distancia, cubierta de polvo y sangre, pero aún consciente lo suficiente como para coger su teléfono.
La suave tela del vestido de Kaylyn estaba manchada de suciedad, con unas gotas de sangre cerca del dobladillo.
Rápidamente se reunió una multitud, con rostros curiosos asomándose por encima de los hombros, teléfonos en alto y voces murmurando.
El ruido inundó sus sentidos: bocinazos, gritos, pasos… todo se mezclaba en un zumbido vertiginoso en sus oídos.
Allison no podía levantar una mano, ni formar un pensamiento lo suficientemente largo como para pedir ayuda. La conciencia parpadeaba como una luz rota.
El tiempo perdió su significado. Entonces, a través de la niebla, lo vio: Derek, cuya habitual calma se había hecho añicos mientras corría hacia Kaylyn.
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