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Capítulo 536:
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«Él… él me ha vuelto a salvar la vida», sollozó Darya, con la vista nublada pero sin apartar la mirada del cuerpo inmóvil de Micah y de la sangre que manchaba su piel. Era la segunda vez que él la protegía de una explosión.
Mientras Micah permanecía inmóvil, el pánico se apoderó de ella.
Darya se dio cuenta, en ese momento, de que su odio hacia Micah quizá no estuviera tan arraigado como había creído.
La ambulancia llegó rápidamente. Avery abrazó a Darya contra su pecho, con una expresión de preocupación en el rostro. «¿Estás bien? Déjame llevarte al hospital».
«Yo… estoy bien. Me iré con la ambulancia. Quiero ver a Micah…», insistió Darya, decidida a quedarse a su lado.
Intuyendo su determinación, Avery cedió, sabiendo que era imposible hacerla cambiar de opinión. Observó, a regañadientes, cómo se subía a la parte trasera de la ambulancia.
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El olor acre a desinfectante flotaba en los pasillos estériles del hospital. Micah fue trasladado directamente al quirófano, y Darya ansiaba seguirlo, pero una enfermera la alejó de allí. Se dejó caer en un banco de la sala de espera, con el corazón aún acelerado. En ese momento, sintió como si hubiera vuelto a ser la de antes: una mujer consumida por los pensamientos sobre Micah. En su día lo había amado con todo su corazón y, durante tres años, él había sido todo su mundo. Ahora allí estaba de nuevo, con la mente ocupada únicamente por él, rezando para que saliera adelante.
El aire del hospital se sentía denso, oprimiendo su corazón. Ni siquiera se dio cuenta de que tenía las palmas de las manos húmedas por el sudor.
—¡Darya! —llegó Matthias, acompañado de sus tres hermanos. Tenía los ojos enrojecidos cuando la atrajo hacia sí en un fuerte abrazo. Las lágrimas le corrían por el rostro mientras encontraba refugio en los brazos de su padre.
—No te preocupes, Darya. Ya he enviado a gente a investigar la explosión —le aseguró Avery, con los ojos ardiendo de ira. No podía imaginar quién se atrevería a colocar una bomba en su coche. Pero una parte de su mente no dejaba de dar vueltas a la oportuna intervención de Micah. ¿Sabía Micah de antemano lo de la bomba?
«Darya, ¿por qué no te vas a casa a descansar?», sugirió Callan, sin rastro de su habitual actitud despreocupada, con la preocupación grabada en el rostro.
Darya negó con la cabeza, firme. « Quiero esperar aquí hasta que termine la operación».
Antes de que nadie pudiera responder, unos pasos resonaron en el pasillo, seguidos de la voz estridente de Judy. «¡Gafosa! ¡Sabía que, contigo por aquí, nunca le pasaría nada bueno a Micah!»
Judy se abalanzó sobre Darya, dispuesta a agredirla, pero Callan la interceptó justo a tiempo, conteniéndola con una mirada feroz. «Entiendo que estés enfadada, ¡pero eso no es excusa para atacar a mi hermana!»
«¡Judy, cálmate!», espetó Morton, con evidente frustración en la voz. Se volvió hacia Darya. «¿Cómo está Micah? ¿Cuál es su estado?»
Darya negó con la cabeza, incapaz de articular una respuesta coherente. No sabía cómo se encontraba, y la aprensión la carcomía: temía que le hubiera ocurrido algo terrible.
«Sigue en el quirófano», dijo Matthias.
Morton dejó escapar un profundo suspiro. «Espero que se ponga bien».
«Se pondrá bien». Matthias le dio una palmadita en el hombro al hombre mayor. Él también era padre; entendía perfectamente por lo que estaba pasando Morton.
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