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Capítulo 789:
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La tormenta desatada por los trolls a sueldo de Heath ahogó rápidamente cualquier voz que intentara defender a Patty. Al desplazarse por la avalancha de comentarios, Heath sintió por fin que una amarga sensación de alivio volvía a invadir su pecho.
Cuando terminó la ceremonia de entrega de premios, comenzó el banquete de la noche. Se celebró en el salón panorámico de la azotea del hotel, donde las lámparas de cristal derramaban ríos de luz sobre los suelos pulidos y los vestidos de lentejuelas. El ambiente vibraba con risas refinadas, el tintineo de las copas y la sutil tensión de la ambición disfrazada de encanto.
Heath sostenía una copa de champán, charlando distendidamente con algunos productores conocidos, con una sonrisa ensayada y un tono cuidadosamente educado. Pero por mucho que se esforzara por mantener las apariencias, su mirada no dejaba de desviarse hacia la mesa central, la reservada para los verdaderamente poderosos.
Allí, bajo la luz radiante, se sentaban las personas que daban forma a la propia industria del entretenimiento: el presidente de la Oficina de Cine, representantes de los mayores inversores internacionales, y unos cuantos artistas tan venerados que se les consideraba tesoros nacionales.
Sin embargo, lo que más le punzaba no era su presencia. Alexia estaba sentada con elegancia entre ellos, con un porte natural, la cabeza ligeramente inclinada hacia la imponente figura a su lado: Waylon.
La autoridad de Waylon era tal que incluso los invitados más influyentes se movían con cautela a su alrededor. ¿Pero Alexia? Solo ella le hablaba de igual a igual.
Pronto, las miradas más perspicaces de la sala comenzaron a darse cuenta de esta dinámica. Las conversaciones se apagaron; los susurros se intensificaron. Con solo estar allí sentada, Alexia se había convertido en uno de los centros de atención más destacados de la velada.
Sintiendo el peso de la mirada de Heath sobre ella, Alexia se giró muy ligeramente. Una sonrisa tenue, casi burlona, se dibujó en sus labios, y le dirigió un gesto de cabeza cortés.
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Ese pequeño gesto impactó a Heath como una chispa en un barril de pólvora.
Entonces Alexia se inclinó hacia el camarero que permanecía atento detrás de ella, le susurró algo, y él inmediatamente hizo una reverencia antes de perderse entre la multitud. Bajo innumerables miradas atentas, atravesó el salón y se detuvo ante una figura solitaria en un rincón.
«Señorita Holland, la señorita Jenkins la invita a acompañarla», dijo respetuosamente.
Por un instante, el silencio se extendió entre la multitud. Las conversaciones se interrumpieron mientras docenas de miradas curiosas y envidiosas se dirigían hacia Patty.
Patty se quedó paralizada durante un instante, claramente atónita. Pero rápidamente recuperó la compostura, asintió cortésmente al camarero antes de avanzar con elegancia. Y bajo ese mar de miradas, cruzó el salón hacia la mesa que simbolizaba la cima del sector: la línea invisible que separaba a los poderosos del resto.
Cuando llegó, Alexia se levantó con una sonrisa sincera y le apartó personalmente la silla vacía que había a su lado.
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