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Capítulo 506:
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A la mañana siguiente, Alexia se quedó en la cama más tiempo de lo habitual.
Un dolor sordo le palpitaba en la zona lumbar. Los recuerdos del fervor de la noche anterior la inundaron y hundió la cara en la almohada, con las mejillas ardiendo de vergüenza.
Tras respirar hondo, se dio cuenta de que su sutil aroma aún flotaba en el aire. Se permitió un breve momento para saborear el recuerdo antes de que una repentina revelación la sacudiera.
Cogió el móvil y le envió un mensaje a Waylon.
«Se me olvidó mencionar lo de anoche. ¿Puedes ayudar a que pongan en libertad a alguien que está detenido?».
Tras enviarlo, la invadió una oleada de inquietud. El calor de la noche anterior había eclipsado por completo su preocupación por Blackjack.
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A pesar de su engaño, Blackjack era un genio tecnológico reconocido a nivel mundial. Si acababa en la cárcel por algo así, probablemente desaparecería de la vida pública para siempre.
La respuesta de Waylon no se hizo esperar. «¿Me sacas esto a colación la mañana después de nuestra noche juntos?»
Su mensaje tenía un matiz de descontento, como si acusara a Alexia de ser insensible.
Se dio una palmada en la frente y escribió apresuradamente una aclaración.
«Se me olvidó explicártelo anoche. El chico que me invitó a salir es gay. Solo le gustan los hombres, por eso organizó la cita en ese bar. Apenas lo conozco. Aunque lleguemos a ser amigos, no hay ninguna posibilidad de que pase nada».
Esperaba que esto disipara las preocupaciones de Waylon.
Tras una larga pausa, él respondió con un simple: «Entendido».
Alexia exhaló, aliviada, y se quedó mirando las pesadas y oscuras cortinas que enmarcaban el ventanal que iba del suelo al techo, perdida en sus pensamientos.
Mientras tanto, Waylon asistía a una reunión, escuchando a medias las novedades financieras. Su teléfono volvió a vibrar. Al bajar la mirada, vio otro mensaje de Alexia.
«¿Puedo cambiar las cortinas de la habitación? Me resultan opresivas y no me gustan».
El gerente que estaba haciendo la presentación levantó la vista y percibió un fugaz atisbo de ternura en la expresión habitualmente severa de Waylon mientras este miraba su teléfono.
El momento pasó rápidamente; el gerente se preguntó si lo habría imaginado. La gélida voz de Waylon rompió el silencio. «Vuelve a enviar los datos del informe trimestral para su revisión».
El gerente, nervioso, quiso preguntar por qué, pero se mordió la lengua.
La habilidad de Waylon para detectar discrepancias en las cifras con solo escucharlas era asombrosa.
«Entendido», murmuró el gerente, con aire derrotado.
Tras la reunión, Simon comentó que Jarred había invitado a Waylon a tomar un café, y Waylon aceptó ir.
Recién duchada, Alexia recibió la respuesta de Waylon.
«Redecora como más te guste».
Se dejó caer en el sofá, releyendo el mensaje con una sonrisa de satisfacción que le curvaba los labios.
En la cita para tomar café, ni Waylon ni Jarred parecían especialmente entusiasmados por estar allí.
Sin embargo, a diferencia de sus habituales encuentros tensos, Jarred parecía inusualmente solemne.
Tras unos breves saludos, fue directo al grano.
«¿Cómo lo lleva Alexia?».
Waylon respondió: «Está bien».
Jarred asintió. Se había dedicado en cuerpo y alma a investigar a la familia Jenkins y a la Organización Styx, mientras Waylon mantenía a Alexia a salvo y cuidaba de ella. Aunque Jarred confiaba en que Waylon no le haría daño, necesitaba oírlo de su boca.
Mientras observaba al joven de llamativa belleza que tenía enfrente, Jarred dijo: «Te he pedido que vinieras para preguntarte algo. ¿De verdad piensas casarte con Alexia?».
Waylon arqueó una ceja, encontrando la pregunta ridícula. «No estás en posición de dudar de mis intenciones».
La expresión de Jarred se tensó. «Soy su padre».
«Lo sé. De lo contrario, hoy no estaría aquí sentado tranquilamente contigo».
Los dos siempre habían chocado, y su mutuo desprecio era casi instintivo. Sorprendentemente, Jarred no se enfadó esta vez. Una leve sonrisa agridulce se dibujó en su rostro al ver en Waylon un reflejo de sí mismo cuando era más joven.
Insistió: «No dudo de tus sentimientos, pero te lo advierto. Si no estás plenamente comprometido, no te cases con mi hija».
Waylon apretó la mandíbula, sin encontrarle la gracia.
Jarred se recostó en el asiento, con las manos apoyadas en las rodillas. «Joven, disfruta de tu romance. No hay necesidad de precipitarse a hacer votos para toda la vida».
La voz de Waylon sonó fría. «Me estás provocando».
Jarred soltó una risita cansada, con un destello de agotamiento en los ojos. «No. Si Alexia fuera una chica normal, me alegraría verla elegir pareja y dar el paso hacia el matrimonio. Pero tal y como están las cosas, no es factible. Sinceramente, no creo que nadie sea digno de ser su marido. Ni siquiera tú».
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