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Capítulo 819:
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En los ojos multifacéticos de la criatura, divisó su propio reflejo. La mirada que le devolvía era salvaje e intensa, parecida a la de un depredador hambriento que por fin se enfrenta a su presa.
Tenía la boca ligeramente abierta. Respiraba con rapidez y sus pupilas se habían dilatado drásticamente.
Sus dedos se apretaron sin piedad alrededor de la cabeza de la criatura, y la presión aumentaba con cada segundo que pasaba…
Lillian mantenía la boca ligeramente abierta mientras respiraba a un ritmo acelerado, con las pupilas aún dilatadas de forma antinatural.
Su agarre se hizo más firme sin piedad alrededor del cráneo de la criatura.
Las frenéticas sacudidas del insecto dieron paso poco a poco a rápidas convulsiones, y sus fuerzas se desvanecían con cada segundo que pasaba.
Una extraña sensación, como una corriente eléctrica, recorrió el punto donde su mano entraba en contacto. El poder espiritual de la criatura parecía ser extraído de su cuerpo, pasando a su mano y extendiéndose por todo su ser.
Eso no hizo más que intensificar el abrumador ansia que se agitó en su interior. En ese instante, se sintió como un recipiente insaciable, drenando con avidez hasta el último rastro de poder espiritual del insecto que tenía debajo.
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El miedo destelló en los ojos multifacéticos de la criatura, dejando entrever un atisbo de lo que había sido, pero carecía de fuerzas para defenderse.
La extraña absorción continuó durante más de diez segundos, quizá incluso más.
Para cuando Lillian recuperó la conciencia, el insecto que tenía debajo se había quedado completamente inmóvil. La hembra infectada estaba muerta.
Lillian se encogió ligeramente y levantó sus manos manchadas de sangre, notando un leve temblor en los dedos.
¿Qué había pasado exactamente?
Una extraña sensación de plenitud se extendió por su cuerpo. Una vez que sus pensamientos se aclararon, esa sensación la dejó profundamente inquieta.
Alejándose del cadáver, se dirigió tambaleándose hacia el edificio central y se dirigió directamente a la sala de reuniones.
Un grupo de hombres lobo que pasaba por el pasillo se quedó paralizado al verla.
—Señorita Clark, ¿se encuentra bien? —Se dispusieron a ayudarla, pero ella los apartó de un empujón.
Se mantuvo concentrada en su objetivo y entró a zancadas en la sala de conferencias.
Wilder ocupaba el asiento principal, estudiando una proyección holográfica del campo de batalla que se mostraba ante él.
Un comandante veterano se encontraba cerca, actualizando los marcadores tácticos en la pantalla.
—Llegas demasiado tarde —comentó Wilder, alzando la vista hacia Lillian—. Ya se han marchado.
Volvió a centrar su atención en el mapa, pero se detuvo al percibir que algo no cuadraba. Al volver a mirarla, frunció el ceño al instante. «¿Qué te ha pasado?».
Lillian avanzó directamente hacia él. Una espada de hielo se materializó en su mano sin previo aviso. Imbuida de la energía que había extraído del insecto, el arma irradiaba una presencia asfixiante que hizo que a Wilder se le helara la sangre.
Su actitud relajada se desvaneció y toda la sala se tensó en un instante.
«¿Qué ha pasado con la cámara de vigilancia de la salida de la Puerta Tres?», preguntó Lillian acercándose, con la mirada llena de sospecha y acusación. «¿Cómo ha conseguido un insecto infiltrarse en tu territorio?».
Sus palabras captaron toda la atención de los presentes. «¿Un insecto?».
El rostro de Wilder se ensombreció de inmediato. «No hagas afirmaciones sin pruebas. ¡Es imposible que un insecto haya podido entrar aquí!».
«Saca las imágenes de seguridad de la Puerta Tres». Lillian se volvió hacia otra criatura hombre- bestia y le dio la orden con brusquedad. «Muéstralas ahora mismo. Muéstranos las imágenes de hace quince minutos».
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