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Capítulo 652:
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Con cada paso que les acercaba a la puerta, los nervios de Lillian se tensaban aún más. El miedo se entremezclaba con las abrumadoras sensaciones, obligando a su cuerpo a reaccionar con intensidad.
A Erik se le escapó un suspiro tenso mientras la tensión se reflejaba en sus rasgos. Solo había pretendido provocarla, hacer tambalear su control. No esperaba que ella respondiera así. Una violenta oleada de placer lo atravesó, aguda y abrumadora, como si algo en su interior se hubiera roto de golpe.
La dulzura que había estado fingiendo mostrar se desvaneció al instante. Cualquier resto de moderación que le quedara se derrumbó en algo mucho más instintivo. Ya no podía contenerse más.
A poca distancia de ellos, los pasos que se acercaban se detuvieron de repente. Lillian apretó los dientes contra el hombro de Erik, tratando de contener los sonidos que amenazaban con escapar. El miedo la envolvía con la misma fuerza que las sensaciones, y juntos abrumaban cualquier control que le quedara. Sus pensamientos se dispersaron.
No fueron solo sus reacciones las que arrastraron a Erik. La emoción de llevarla más allá de sus límites, de verla debatirse entre la resistencia y la rendición, alimentaba algo más oscuro en su interior.
—Eres mía —le susurró al oído, con voz baja y temblorosa.
El cuerpo de Lillian cedió primero. Un violento temblor la recorrió, y el mundo a su alrededor se inclinó mientras todo se derrumbaba a la vez.
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Algo en la mirada de Erik se rompió. En el mismo instante en que ella perdió el control, él abandonó el último atisbo de moderación y la atrajo con fuerza contra sí.
Una fuerza pesada y crepitante se propagó por el aire. Durante un breve instante, todo a su alrededor se tambaleó. Las figuras cerca de la esquina parpadearon y se disolvieron, desapareciendo como si nunca hubieran existido. El silencio se apoderó de la azotea. Solo quedaba su respiración entrecortada y agitada.
De hecho, nadie más había venido nunca allí. Esos pasos no habían sido más que una ilusión creada por Erik, todo ello para llevar a Lillian más allá de sus límites.
Lillian se desplomó en los brazos de Erik, completamente sin fuerzas, mientras él la abrazaba con fuerza y sentía los débiles temblores que aún persistían en su interior. Algo feroz e inestable ardía en su mirada, rayando en la obsesión.
En otro tiempo había considerado la lujuria como un juego insípido, pero ahora comprendía que Lillian no se parecía en nada a las demás mujeres. Incluso dentro de un sueño, la forma en que habían compartido intimidad ya lo había llevado más allá de cualquier cosa que hubiera experimentado jamás.
¿Cómo sería fuera de esta ilusión? Solo pensarlo le provocaba un escalofrío peligroso. Sabía que perdería el control por completo, incapaz de detenerse una vez que la tuviera de verdad.
La atracción hacia ella se hacía más fuerte con cada segundo que pasaba. Ya podía sentir cómo se volvía dependiente de su presencia. Dejar que se le escapara ya no era una opción. No podía permitir que ella lo abandonara.
Recostada contra su pecho, Lillian permanecía inmóvil, con los pensamientos vagando en desorden. Todo le había parecido demasiado vívido, demasiado abrumador; nada parecido a lo que había conocido antes. Su mente no daba abasto. Lo único que quedaba era el ritmo irregular de su respiración.
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