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Capítulo 216:
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—¿Sterling? —repitió Finch con voz temblorosa—. ¿Eres tú…?
Pero antes de que pudiera terminar la pregunta, Iris y Chloe ya se habían escabullido por la puerta trasera y habían desaparecido.
El doctor Finch se quedó mirando la puerta vacía, con el corazón a mil. Sacó el móvil con manos temblorosas y escribió un mensaje rápido a su sobrino.
Ethan, tienes que venir mañana al foro. Una mujer llamada Sterling acaba de reescribir mi cirugía. Y si es quien creo que es, hemos estado ciegos todos estos años.
Aquella noche, el bar «The Crimson Lounge» estaba abarrotado de estudiantes de medicina y herederos de fondos fiduciarios. Ethan estaba sentado solo en una mampara de cuero rojo, con un vaso de whisky intacto delante de él. Estaba solo, rechazando educadamente a cualquiera que intentara acercarse a él. Aquella noche no había sitio para parásitos sociales.
𝗗𝘦𝘀𝗰𝘂𝗯𝗿𝗲 𝗇𝘶e𝘃𝗮s 𝘩𝗶ѕ𝘵𝗼𝗋𝘪𝖺𝘴 𝘦𝗇 ոo𝗏еlа𝘴𝟦𝗳𝘢n.𝗰𝗈𝘮
En la mesa de al lado, sin embargo, Sophia Kensington, su prima lejana conocida por su lengua viperina, tomaba cócteles con Mark Jones.
—Dicen que W va a revelar la identidad mañana —dijo Mark—. Apuesto a que es algún viejo aburrido.
«O un estafador», se rió Sophia. «Por cierto, Ethan, ¿te has enterado de lo del tío Arthur? Dice que una chica lo ha humillado hoy en clase. Menuda vergüenza para la familia».
Ethan ignoró a Sophia. Tenía la atención fija en su móvil, esperando la confirmación de Liam sobre la ubicación de Iris. En ese momento, se iluminó la pantalla. No era Liam. Era una notificación de la red de seguridad del foro.
W: «La puntualidad es la cortesía de los reyes y el deber de los cirujanos. Estaré allí a las 09:00:00».
Al otro lado del bar, en una pequeña mesa oscura casi oculta tras una planta decorativa, se iluminó la pantalla de otro teléfono.
Iris estaba allí, acompañada de Chloe, que revisaba documentos legales. Iris bebía agua mineral, cuidando su salud aún frágil.
Ethan levantó la vista. Fue un instinto, una atracción magnética que desafiaba la lógica. Su mirada atravesó la multitud sudorosa y se posó con precisión milimétrica en el rincón oscuro.
Vio el resplandor de la pantalla iluminando un delicado mentón. Entonces ella levantó la vista.
Sus miradas se cruzaron.
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