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Capítulo 213:
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Dos semanas después.
Para Ethan, el tiempo había transcurrido en una nebulosa gris. A Scarlett la habían dado de alta y la habían enviado a un centro psiquiátrico privado de máxima seguridad en Suiza —esta vez sin posibilidad de regreso—, pero el daño ya estaba hecho.
Iris había desaparecido. El piso estaba vacío.
En la Torre Kensington, Ethan contemplaba la ciudad gris.
Liam entró con una bandeja de correo.
—Señor, esto acaba de llegar. Es una invitación académica. De Harvard.
Ethan ni siquiera se dio la vuelta.
—Tíralo a la basura.
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—Señor, espere. Es para el Simposio de Neurocirugía y Ciberseguridad. Y… la invitación es inusual. Está dirigida a usted personalmente, a petición de un ponente anónimo.
Ethan se giró lentamente.
—¿Quién?
«Alguien que firma solo como W. El tema de la conferencia es “La verdad oculta en los sistemas complejos: cómo un fallo en el código puede destruir el hardware”».
Un escalofrío recorrió la espalda de Ethan. Esa carta le resultaba familiar, un eco de los foros de seguridad que vigilaban sus técnicos, una firma legendaria en el mundo digital a menudo vinculada a soluciones brillantes y despiadadas. Pero también… esa frase. «La verdad oculta». Sonaba demasiado personal. Demasiado parecida a un desafío.
¿Podría ser? Su mente racional le decía que era imposible. Iris era inteligente, sí, hablaba francés y tenía conocimientos médicos. ¿Pero «W»? ¿El hacker fantasma?
Y, sin embargo, su instinto, el mismo instinto que le había gritado en la cueva hacía diez años, se despertó.
Cogió la invitación. Era elegante, pesada.
Su corazón empezó a latir con fuerza. Si existía la más mínima posibilidad de encontrar una respuesta, tenía que ir.
—Prepara el jet —dijo Ethan—. Nos vamos a Boston.
Aeropuerto JFK. Terminal privada.
Iris cruzó la pista hacia un pequeño pero elegante jet privado. No era el de Ethan. Pertenecía a Daniel Hayes, su amigo hacker.
Llevaba un impecable traje negro y gafas de sol oscuras, y aunque su rostro aún estaba un poco pálido, su paso era firme. Se había recuperado, no solo físicamente, sino también mentalmente. Había convertido su dolor en combustible.
Daniel la esperaba junto a las escaleras.
«¿Estás segura de esto, W?», preguntó él. «Una vez que subas a ese escenario en Harvard, no habrá vuelta atrás. Tu identidad secreta desaparecerá. El mundo sabrá quién es el Cirujano, quién es W».
Iris se quitó las gafas de sol. Sus ojos grises brillaban con una determinación fría y aterradora.
«Ethan Kensington quería protegerme, quería mantenerme en las sombras, quería silenciarme para salvarme de su hermana loca».
Miró hacia el horizonte, donde se acumulaban nubes de tormenta.
«Pero no necesito su protección. Necesito mi voz. Es hora de mostrarle exactamente a quién ha perdido. Es hora de que el mundo conozca a Iris Sterling».
Subió al avión sin mirar atrás.
En la mansión Kensington, sobre la almohada de la cama que habían compartido aquella noche de tormenta, Ethan encontró una nota que Iris había dejado antes de marcharse para siempre. La había encontrado hacía días y la leía cada noche.
No era una carta de amor. No era una despedida llena de lágrimas.
Eran dos palabras, escritas con letra firme:
Jaque mate.
Ethan apretó la nota contra su bolsillo mientras el avión con destino a Boston despegaba. Una sonrisa torcida, dolorosa y llena de admiración, se dibujó en su rostro.
«Que comience la partida, mi reina», susurró.
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