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Capítulo 938:
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No podía volver. No lo haría. Así que se marchó. Fuera del barrio. Lejos de ellos.
Sin teléfono. Sin cartera. Solo con unas zapatillas endebles en los pies ya entumecidos.
Entonces, mientras Kevin avanzaba con dificultad, se le ocurrió una idea.
Podía ponerse en contacto con los amigos de Fernanda en el estudio.
Si alguien podía ayudarlo a encontrarla, eran ellos.
La esperanza brilló en su pecho. Dio media vuelta y corrió de regreso a la casa. Necesitaba su teléfono.
Un ruido sordo rompió el silencio de la noche. Los faros se encendieron, cegándolo.
Levantó un brazo para protegerse los ojos.
El auto redujo la velocidad. Luego, para su sorpresa, se detuvo a su lado.
La ventanilla se bajó y Kevin contuvo el aliento.
—¿Señor Reed?
Cristian arqueó una ceja. —¿Qué hace aquí vestido así? Su tono era informal.
No conocía bien a Kevin, pero Fernanda quería mucho a su hermano pequeño.
Era motivo suficiente para preguntar.
—¿Está Fernanda en casa? —añadió.
El pánico volvió a apoderarse de Kevin. Se abalanzó hacia la ventanilla y se agarró al borde.
—Sr. Reed, por favor, ¡tiene que ayudarme! ¡Se han llevado a Fernanda!
Cristian frunció el ceño. —¿Qué acabas de decir? ¿Se la han llevado? ¿Quién?
Cristian apretó la mandíbula. Sin decir nada, señaló con la cabeza hacia el coche. —Sube.
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Kevin no lo dudó. Abrió la puerta de un tirón y se deslizó en el asiento del copiloto.
Cristian marcó el número de Fernanda.
El teléfono sonó, y cada segundo se hizo insoportable. Apretó con fuerza el volante. No había tiempo para preguntarse cómo o por qué había sucedido aquello. Solo tenían que recuperarla.
Nada más importaba: ella tenía que estar a salvo.
Después de varios tonos, se oyó una voz tranquila. —¿Cristian?
Fernanda parecía normal. Cristian exhaló, sintiendo cómo el alivio lo invadía. Todo su cuerpo se relajó. Se hundió en el asiento, con las palmas de las manos sudorosas.
—¿Dónde estás? —Su voz sonó áspera.
Kevin no entendió las palabras, pero vio que Cristian asentía. —De acuerdo. Voy para allá.
El rostro de Cristian estaba tenso por la tensión. Una idea pasó por la mente de Kevin: ¿era él el novio de Fernanda?
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