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Capítulo 40:
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En la entrada de la sala, Eric conversaba con Nyla por teléfono. Al enterarse de que Hadley había ido al hospital a ver a Ernest a solas, Nyla se puso rápidamente en contacto con Eric y le instó a que velara por la seguridad de Hadley.
—Eric, por favor… Es un lugar bastante aislado y se está haciendo tarde. Hadley está sola…
—Lo sé, abuela.
Eric exhaló profundamente y se masajeó la frente. —Ya he llegado. Visitar a su hermano también estaba en sus planes para esa noche.
—No te preocupes. Estará a salvo en casa bajo mi vigilancia, ¿de acuerdo?
—Gracias.
Mientras Eric continuaba con la conversación, se acercó a la puerta de la sala y la abrió para presenciar el drama que se estaba desarrollando.
Linda gesticulaba enfáticamente hacia la salida. —¡Vete ahora mismo! ¡No tienes nada que hacer aquí!
Hadley estaba justo al lado de la cama cuando Eric la vio.
Su rostro se endureció de inmediato y su mirada se volvió aguda e intensa. —Hadley, ¿qué has hecho para enfadar a Linda?
—¡Eric!
A Linda se le llenaron los ojos de lágrimas.
—Yo me encargo.
Se acercó rápidamente a Linda.
—¡Haz que se vaya! —Linda le agarró del brazo, con voz desesperada—. ¡No soporto tenerla aquí! ¡Haz que se vaya!
Al ver a Linda tan alterada, Eric no perdió tiempo. —¡Por supuesto!
Se volvió hacia Hadley, con evidente enfado en su expresión—. ¿No la has oído? ¡Fuera de aquí!
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Hadley soltó una risa suave y sarcástica. Dejó la cuchilla a un lado, se secó las manos y comenzó a salir.
—¡Espera!
Eric, conmovido por la angustia de Linda, se sintió obligado a defenderla. Cogió un ramo de calas amarillas de una mesa cercana. —¿Son para ti?
Hadley lo confirmó con un gesto de asentimiento. —Sí.
—¡Quítalas! —Eric la despidió con un movimiento de la mano.
¿Qué? ¿Ahora ni siquiera podía dejarle flores a Ernest?
—¿Por qué sigues aquí?
Al notar la reticencia de Hadley, Eric tomó la iniciativa, le arrebató las flores y se las puso en los brazos.
Su tono era duro y penetrante cuando le espetó: —¿Crees que Ernest lo apreciaría? Si no fuera por tus acciones, su hijo estaría celebrando su tercer cumpleaños ahora mismo. Su mirada la atravesó, dejándola paralizada.
—¿Cómo puedes aparecer por aquí?
Linda se dio la vuelta de repente, con los hombros temblando como si fuera a llorar. —Eric, por favor, ¡basta! ¡No puedo soportarlo!
Sorprendido por la angustia de Linda, Eric dirigió su frustración hacia Hadley. —¿Aún no te vas?
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