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Capítulo 2075:
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La taza explotó contra la pared detrás de él, esparciendo fragmentos de porcelana por el suelo de madera.
Las nubes de tormenta se acumularon en el rostro de Ernest, cuyas cejas se fruncieron en una línea severa que transformó todo su semblante.
Si sus reflejos hubieran sido una fracción más lentos, esa taza le habría golpeado con una fuerza devastadora.
Linda reconoció la situación, seguida inmediatamente por la comprensión de que la expresión de Ernest se había vuelto peligrosamente sombría.
Se mordió el labio inferior, luchando por contener la tormenta de emociones que se desataba en su interior. «No tenía ni idea de que eras tú quien entraba por esa puerta. ¡Nunca tuve la intención de hacerte daño!».
El descontento de Ernest seguía intacto. Creía que nadie, independientemente de su posición, merecía convertirse en blanco de los arrebatos emocionales de otra persona.
El patrón de Linda se había vuelto dolorosamente predecible: cada vez que la angustia la abrumaba, todos los que estaban a su alcance se convertían en daños colaterales de sus explosiones emocionales.
Aunque su enfermedad actual podía explicar en parte su comportamiento, Ernest recordaba muy bien que ella había mostrado esas mismas tendencias destructivas incluso en sus períodos más saludables.
Esa volatilidad formaba parte de su esencia.
El contraste con Elissa no podía ser más marcado: Elissa nunca recurriría a ese tipo de comportamiento.
Cuando el dolor abrumaba a Elissa, ella dirigía esa angustia hacia su interior, sin permitir nunca que se derramara sobre personas inocentes.
Ante enfoques tan fundamentalmente diferentes para manejar el dolor, Ernest se encontró instintivamente atraído por la fuerza contenida de Elissa.
—Kira me ha informado de que hoy has rechazado todas las comidas —dijo Ernest, con un suspiro que denotaba su agotamiento, y pasó directamente a los asuntos prácticos—. ¿Quieres bajar a cenar conmigo o prefieres que te traigan algo a tu habitación?
La pregunta dejó a Linda momentáneamente sin palabras, antes de que una risa amarga brotara de su pecho.
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—¿De verdad crees que tengo apetito dadas nuestras circunstancias actuales, Ernest?
Sus dedos se aferraron al antebrazo de Ernest con desesperada intensidad. —¡He estado esperando tu regreso porque necesitamos tener una conversación de verdad, no dedicarnos a estas rutinas domésticas sin sentido! Dime exactamente cuándo piensas terminar con Elissa.
El silencio de Ernest se prolongó incómodamente mientras sus cejas permanecían fruncidas en un pensamiento preocupado.
—¡Nuestra boda se acerca rápidamente! —Las palabras de Linda salieron precipitadamente cuando él no respondió. «Debes resolver esta situación antes de que intercambiemos votos, ¿entiendes? Como ella ha formado parte de tu vida durante algún tiempo, manejaremos su partida con elegancia. Un generoso acuerdo económico, tal vez una propiedad propia…».
«Linda». La voz de Ernest se redujo a poco más que un susurro, y cada palabra salió con deliberado cuidado. «No puedo abandonarla».
«¿Qué?». Los cimientos del mundo de Linda parecieron resquebrajarse bajo sus pies, sus ojos perdieron el foco y un frío ártico se apoderó de sus huesos. «¿Qué acabas de decir?».
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