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Capítulo 1803:
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Los resultados pintaban un panorama esperanzador. La salud de Joy mejoraba constantemente.
«Le han proporcionado una atención excepcional. Sigan por este camino y, en dos meses, prosperará y aprenderá junto a los niños de su edad».
«Gracias, doctor Nixon».
Una alegría pura llenó el pecho de Hadley. Salió de la sala de exploración con una radiante sonrisa iluminando su rostro.
Sin que ella lo supiera, Eric salió silenciosamente de una sala lateral justo cuando ella se marchaba.
«Señor Scott». Thurston hizo una reverencia respetuosa. «Lo ha oído todo».
«Sí». Eric asintió con la cabeza, con gratitud brillando en sus ojos. «Su dedicación lo es todo».
«Es usted demasiado generoso. Es simplemente mi responsabilidad».
La felicidad de Eric igualaba a la de Hadley, quizá incluso la superaba. Sin embargo, la idea de que Hadley soportara otro embarazo seguía siendo demasiado dolorosa como para contemplarla.
Para él, sin embargo, Joy representaba a su única hija. Todo su legado descansaría algún día en sus pequeñas manos.
«Mi Joy, debes crecer sana, segura y feliz», pensó Eric.
Mientras tanto, Ayla corría desesperada por los pasillos del hospital, pero una figura le bloqueó el paso en la estrecha pasarela que conectaba las alas de pacientes externos e internos.
«Ayla Ramírez, ¿verdad?».
Ayla abrió los ojos con terror. No pudo articular palabra y se dio la vuelta, intentando huir.
«¡Ayla!». El desconocido la persiguió y la agarró firmemente del brazo. «¡No te asustes! ¡No trabajo para nadie relacionado con el Sr. Scott!».
El cuerpo de Ayla temblaba violentamente mientras observaba al desconocido con ojos recelosos. Su voz temblaba cuando finalmente encontró las palabras. «¿No eres… uno de sus socios?».
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—Por supuesto que no. —La sonrisa del desconocido parecía sincera mientras negaba con la cabeza con firmeza.
—Entonces, ¿quién es usted? —preguntó Ayla, frunciendo aún más el ceño mientras le escudriñaba el rostro. No recordaba a ese hombre. —No le reconozco. ¿Quién es usted?
—Mi identidad no tiene mucha importancia. —La sonrisa del desconocido se volvió misteriosa. «Lo que importa es esto: ¿te satisface tu vida actual? ¿Vas a seguir ahogándote en esta miseria?».
Ayla se mordió el labio inferior y su silencio reveló todo lo que el desconocido necesitaba saber.
«Si te niegas a aceptar este destino…». El desconocido señaló un camino. «Entonces sígueme».
Unas profundas arrugas surcaron la frente de Ayla. «¿Adónde me llevarías? ¿Qué esperas ganar?».
El desconocido dudó antes de soltar una risa ahogada. «Tu cautela te viene bien».
Sacudió la cabeza lentamente. «Sin embargo, dadas tus circunstancias desesperadas, la precaución excesiva es un lujo que no te puedes permitir. Confía en mí y ven conmigo, o descarta por completo este encuentro».
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