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Capítulo 1048: (FIN)
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Entonces, la noche de luna llena, comenzó el parto. El momento era perfecto.
El Alfa Sebastián se negó a separarse de Cecilia, dejando de lado las viejas tradiciones sin pensárselo dos veces.
«No voy a abandonar a mi compañera», dijo sencillamente.
«Por supuesto que no vas a abandonarme», jadeó Cecilia entre contracciones. «Tú has ayudado a concebir a este bebé, así que te quedarás hasta el momento en que nazca».
Horas más tarde, al amanecer, su hija vino al mundo con un llanto que sonaba casi como un aullido.
«Mira», susurró uno de los ancianos, con la voz temblorosa por el asombro. «La marca de la Diosa».
El pelo de la bebé era plateado y brillaba a la luz de la mañana. Sus ojos eran de un gris acero, exactamente del mismo color que los de su padre, como los de un lobo.
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«Es perfecta», murmuró Cecilia, con lágrimas resbalándole por el rostro.
El Alfa Sebastián lloraba abiertamente mientras acariciaba suavemente la mejilla de su hija.
«Hola, pequeña guerrera», susurró Cecilia. «¿Lista para cambiar el mundo?»
«Aria», susurró el Alfa Sebastián. «Nuestra pequeña guardiana».
La bebé cerró su diminuto puñito alrededor del dedo de su padre con una fuerza sorprendente.
«Ha heredado tu fuerza», se río Cecilia en voz baja. «Más vale que el mundo esté preparado para ella».
Tres semanas más tarde, el territorio de Silver Peak se transformó para una ceremonia que pasaría a la historia del mundo sobrenatural.
El escenario era mágico: miles de luces colgaban entre árboles centenarios como estrellas caídas. Lobos y humanos se mezclaban libremente bajo ellas. Los padres de Cecilia observaban, atónitos pero orgullosos. Harper e Yvonne sostenían con fuerza sus invitaciones, con lágrimas de alegría ya resbalando por sus mejillas.
Cecilia estaba lista, con Aria durmiendo plácidamente en sus brazos. Su vestido ceremonial plateado brillaba con abalorios de piedra lunar. Era la viva imagen de una Luna.
«¿Lista?», preguntó el Alfa Sebastián, que apareció a su lado, impresionante con su atuendo ceremonial negro.
—Más que lista —dijo ella, con una sonrisa segura—. Hagamos historia.
Juntos caminaron hacia el altar ceremonial, donde la anciana Luna Black los esperaba.
—Presentad a la niña —ordenó.
Cecilia depositó a Aria en los brazos de la anciana sin vacilar. La anciana Luna Black elevó a la bebé hacia la luna llena.
—Presentamos a Aria de Silver Summit, Guardiana de la Paz. Sangre de nuestro Alfa, nacida de su bendita compañera.
La luz de la luna se intensificó alrededor de la niña. Aria abrió los ojos y miró directamente a la luna.
Todos los presentes sintieron cómo les inundaba la cálida aprobación de la Diosa de la Luna.
«Los acepta a ambos», susurró la anciana Luna Black, con la voz llena de asombro.
La ceremonia de unión de pareja fue preciosa.
La voz del Alfa Sebastián resonó con fuerza mientras reclamaba a Cecilia como su compañera «ante la luna y las estrellas, hasta la muerte y más allá».
En lugar de la cicatriz tradicional, Cecilia recibió un intrincado tatuaje plateado entre los omóplatos, tejido con la sangre del Alfa Sebastián.
Cuando él la besó, toda la manada estalló en vítores.
Los vítores de los humanos se entremezclaron con los aullidos de los lobos.
La celebración duró hasta el amanecer. Humanos y lobos bailaron juntos bajo las estrellas, mientras las viejas barreras se disolvían y nuevos lazos echaban raíces.
Al acercarse el amanecer, el Alfa Sebastián la condujo a su mirador favorito sobre el valle.
«Juro proteger lo que hemos construido aquí», declaró el Alfa Sebastián, con la voz llevada por el viento. «Y este nuevo camino que se abre ante todos nosotros».
La multitud respondió con un rugido de aprobación.
Cecilia se sentía completa: en perfecta y total paz.
«Te quiero», susurró.
«Y yo te quiero, mi extraordinaria compañera», respondió el Alfa Sebastián, atrayéndola hacia sí.
Por encima de ellos, la luna cedía el paso al amanecer. En el valle, más abajo, su manada permanecía unida bajo la luz creciente.
Y la pequeña Aria eligió ese momento perfecto para abrir los ojos y regalar su primera sonrisa.
Su nuevo comienzo acababa de empezar.
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Fin.
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Nota de Tac-k: Tengan un muy agradable fin de semana queridas personitas. Dios les ama y Tac-k les quiere mucho. (=◡=) /
También quería compartir que me gusta mucho Efesios 5:2, porque, al final del día, lo que Dios quiere de todos nosotros es que vivamos una vida caminando en amor: ‘Y andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y sacrificio a Dios’ (RVR1960).
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