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Capítulo 1650:
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Chris se quedó en silencio, incapaz de encontrar una respuesta. Porque Maia tenía razón. Se había echado atrás. Había dejado que el miedo ganara. Incluso el hombre más fuerte podía volverse cobarde cuando el amor estaba en juego.
«¡Chris!»
Maia acortó la distancia entre ellos. Enroscó los brazos alrededor de su cuello, acercándose tanto que sus rostros quedaron a pocos centímetros de distancia, con las narices casi rozándose.
«Tranquilo. No estoy aquí para comerte vivo». Una chispa pícara brilló en sus ojos. «Ahora que me has dicho la verdad… me debes algo. Una confesión de amor como es debido. Una cita bajo las estrellas en la que caminemos de la mano. Me debes muchas cosas, Chris… y me debes una boda. Una por todo lo alto». Su voz resonó con autoría juguetona. «Así que enhorabuena: ahora estás en deuda conmigo».
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Entonces sonrió: una sonrisa radiante y deslumbrante que parecía eclipsar todas las luces de la habitación. «¿Y bien? ¿Aceptarás todo lo que te pida o no?»
Un delicado rubor se deslizó por las mejillas de Maia. No era así como había imaginado que se desarrollarían las cosas… pero, de alguna manera, le parecía bien. Mejor que bien.
Chris la miró fijamente: su amada, increíblemente cerca. Podía sentir el calor que irradiaba su piel. Toda sombra de duda que había permanecido en su corazón se disolvió en un instante.
Sin dudarlo, sus ojos se llenaron de una ternura sin límites. «Por supuesto, cariño. Lo que me pidas, lo haré sin dudarlo. Aunque me cueste la vida, es tuya». Su voz volvió a ese tono cálido y pícaro de siempre al llamarla «cariño».
El momento era perfecto. Un momento de cercanía. De silenciosa devoción.
Maia bajó la cabeza, claramente complacida con cómo se habían desarrollado las cosas. Soltó su cuello, se enderezó y se recompuso. Entonces su expresión cambió, volviéndose seria, concentrada.
El asunto de sus corazones estaba zanjado. Y él acababa de prometer hacer lo que ella le pidiera. Era hora de poner las cartas sobre la mesa.
«Chris». Maia lo miró fijamente, con voz firme y deliberada. «Lo que estoy a punto de contarte concierne a la familia Cooper… y a todo Wront. El Grupo Cooper está acabado. Mañana voy a poner todo lo que tengo en adquirir sus activos principales. Una vez que me haga con la empresa…» Respiró hondo, sopesando cada palabra con cuidado. «Todo será tuyo después de eso. El Grupo Cooper será tuyo. Liderarás a la familia Cooper como su nuevo cabeza de familia. Nadie más tiene la autoridad —ni la capacidad— para cambiar las cosas como tú. Tú eres el único que puede restablecer el orden en Wront y volver a poner comida en las mesas de los desempleados».
La esperanza brillaba en sus ojos mientras lo miraba. Bajo su exterior tranquilo, resonaba una súplica silenciosa: solo como cabeza de familia podría él rescatar a Zoey. Maia creía que ahora que Chris le había abierto su corazón, todo encajaría. Era una victoria para todos. Para Wront. Para la familia. Para ellos. Nadie se negaría. Y menos aún Chris, no después de las promesas que acababa de hacer.
Pero entonces, en un instante, la expresión de Chris se congeló. Como si ella hubiera pronunciado algo innombrable. Algo vil.
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