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Capítulo 1550:
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Maia salió del coche y fijó la mirada en el estrecho callejón que tenía delante. Al fondo colgaba un pequeño cartel sin nada especial: Nightshade. Las luces de neón parpadeaban, proyectando un tenue y inquietante resplandor. Cualquiera que no lo buscara deliberadamente pasaría de largo sin darse cuenta.
—Este callejón es la única entrada y salida —dijo Siena, colocándose al lado de Maia, con el cuerpo entrando inconscientemente en un estado de alerta máxima. Sus agudos ojos barrieron los alrededores con precisión experta—. Fíjate en los edificios residenciales a ambos lados. Esas ventanas son puntos de observación ideales. Con solo dos personas apostadas allí, se podría vigilar todo y establecer fuego cruzado si fuera necesario.
Maia asintió levemente. «Esta ubicación no se eligió al azar. Lo planearon hace mucho tiempo. Incluso podría ser una de sus bases principales».
La expresión de Siena se endureció. «Exactamente. La información de inteligencia sugiere que esta zona está bajo el control de las bandas. Nuestra gente casi no tiene contactos aquí, lo que hace que la infiltración sea extremadamente difícil. Si queremos actuar contra este lugar, necesitaríamos un plan detallado, especialmente con un callejón tan estrecho. Una vez acordonado, cualquiera que esté dentro quedaría atrapado».
Aún estaba hablando cuando Maia dio un paso adelante.
Sin vacilar, Maia se adentró en el callejón, con paso tranquilo y firme, como si se dirigiera a una reunión informal en lugar de a un peligroso bastión.
A Siena se le encogió el corazón. Se apresuró a avanzar y le bloqueó el paso. «No te lo recomiendo», dijo con firmeza. «Es demasiado peligroso. Aunque aún no hayan mostrado hostilidad, son una organización bien armada y desconocida. Entrar así es una imprudencia».
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Maia se detuvo y se volvió hacia ella. Sus ojos eran claros y fríos —serenos pero penetrantes, reflejo de una mente a la que no se le escapaba nada—. «Lo sé, Siena», dijo en voz baja. «Solo quiero tomarme una copa».
Tras una breve pausa, preguntó: «¿No le preocupa nada a Zoey lo de Chris?».
Siena se quedó paralizada. «¿Qué?».
«Chris es el pariente al que Zoey más aprecia», dijo Maia con calma. «Ahora que se desconoce su paradero, Zoey no parece especialmente inquieta. ¿No te parece extraño?». Se acercó un paso, clavando la mirada en la de Siena. «¿O es que Zoey me está ocultando algo?».
Siena se estremeció casi imperceptiblemente, sus pupilas se contrajeron por una fracción de segundo. La conmoción la invadió, seguida rápidamente por una admiración que no pudo reprimir. La intuición de Maia era aterradoramente aguda.
La verdad era que Zoey sabía que Chris estaba a salvo. No solo habían hablado por teléfono, sino que habían discutido acaloradamente. Pero sin el permiso de Zoey, Siena no se atrevía a revelar ni una palabra al respecto.
«Tu silencio ya me dice lo suficiente». Maia esbozó una leve sonrisa, como si la respuesta le hubiera quedado clara hacía tiempo. Extendió la mano y le dio una suave palmada en el hombro tenso de Siena. «Entiendo por qué no puedes decir nada. Es tu deber. Pero, dado que Zoey sabe que Chris está a salvo, eso significa que este lugar no es tan peligroso como pensaba al principio. En ese caso, entrar a tomar algo no debería ser un problema, así que, por favor, no me lo impidas».
Dicho esto, Maia aceleró el paso y, en unos instantes, su figura se fundió con las sombras del callejón.
«Espera…», intentó decir Siena, pero las palabras se desmoronaron antes de salir de su boca. Se quedó sola mientras la brisa nocturna la rozaba, con una profunda inquietud instalándose en su pecho.
El razonamiento de Maia era irrefutable. Formaba un círculo perfecto. «Tengo que contárselo a Zoey».
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