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Capítulo 1549:
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Mientras tanto, la ciudad de Wront se deslizaba por las ventanillas de un sedán en movimiento. Maia observaba cómo las luces se difuminaban en cintas de color, pero su mente estaba en otro lugar por completo.
Sin previo aviso, la imagen de Chris afloró en sus pensamientos. Apretó las manos sobre el regazo. Se preguntó qué estaría haciendo en ese momento, cómo estaría de salud, si sentiría dolor. La fase postoperatoria era la más delicada, pero la mayor preocupación de Maia no era su recuperación física. Era si recordaba lo que sentía por ella. ¿Había aflorado algún recuerdo de su pasado en su mente?
Había consultado a Carsen dos veces por teléfono en los últimos días. Basándose en su amplia experiencia, Carsen había identificado el estado de Chris como una forma de disociación cognitiva emocional posoperatoria. «Intentar restaurar sus recuerdos a la fuerza podría provocar resistencia, e incluso profundizar la brecha psicológica», le había aconsejado, tras estudiar casos similares. «La paciencia es el único camino a seguir».
Y así, Maia esperó, aferrándose a la esperanza de que el Chris que una vez la había amado despertara poco a poco. No era que la hubiera olvidado por completo, solo que el amor que compartían se le había escapado de las manos.
Entonces, inesperadamente, el recuerdo de su primer encuentro volvió a ella. Una tarde soleada en el Ayuntamiento. Chris estaba frente a ella con una sencilla camisa negra, como si hubiera salido de las páginas de un editorial de moda. Recordaba haberse quedado completamente cautivada por su presencia, mirándolo como si fuera alguien famoso. Su voz, juguetona y burlona, le volvió a la mente con claridad. «Lleva un rato mirándome fijamente, señorita Watson». Incluso ahora, el eco de los latidos de su corazón de aquel momento seguía siendo vívido.
Las escenas de su tiempo juntos se reproducían ante sus ojos como una película muda y preciada.
Una sonrisa lenta y decidida se dibujó en los labios de Maia. ¿Desde cuándo había empezado a esperar a que el destino decidiera su historia? Si Chris lo había olvidado, que se enamorara de ella de nuevo: una, dos, tantas veces como fuera necesario.
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Una confianza familiar la tranquilizó. Respiró en silencio, y su mirada se agudizó con un propósito renovado. Volviéndose hacia Siena, dijo con calma: «Llévame a Nightshade».
Se oyó un chirrido de frenos inmediato y agudo.
Siena pisó el freno a fondo sin previo aviso. El chirrido desgarrador atravesó la noche, y los neumáticos derraparon violentamente sobre el asfalto, dejando una larga cicatriz negra en la carretera. Sus pupilas se dilataron al volverse hacia Maia, con la sorpresa patente en su rostro.
—¿Nightshade? —soltó—. Ese lugar es un completo desconocido. ¿Por qué irías allí? Su actitud cambió al instante: tensa y combativa, como alguien preparándose para el campo de batalla. —Si de verdad tienes que ir, dame tiempo. Necesito reunir a gente.
—No. Lo estás malinterpretando. —Maia levantó la mano con calma, con voz firme y sin prisas. «Solo voy a echar un vistazo».
Media hora más tarde, Siena aparcó junto a la carretera. Habían llegado a un rincón abandonado del casco antiguo, un lugar donde apenas llegaban las tenues luces de la calle y donde prosperaban en silencio negocios turbios, el tipo de zona que nunca aparecía en los mapas turísticos, pero cuya reputación todo el mundo parecía conocer.
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