✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 41:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Miré fijamente a mi marido: el hombre con el que me habían obligado a casarme, el monstruo al que había temido. Durante años me habían prometido a un chico que me despreciaba, mientras que el hombre que estaba destinado para mí permanecía en las sombras, un espectro aterrador que mi abuelo había intentado mantener a raya.
Damien se volvió hacia mí. La fría indiferencia había desaparecido, sustituida por una mirada de profunda posesividad. Me estudió el rostro como si me viera por primera vez —no como una carga que había adquirido, sino como algo que le habían robado hacía una década—.
—Parece —dijo Damien, con voz baja y vibrante, con una oscura e innegable irrevocabilidad—, que lo que me pertenece acaba volviendo a mí.
El aire entre nosotros crepitaba, cargado de una energía nueva y peligrosa. Ya no éramos meros aliados unidos por un contrato. Éramos una corrección de la historia. Una inevitabilidad.
Sofía asintió, satisfecha por el impacto de sus palabras. «Ahora que hemos establecido el pasado», dijo, con un tono más agudo al mirar a Damien, «debemos asegurar el futuro. Tenemos que hablar de Alex. Y de la cuestión del linaje».
Punto de vista de Isabella
La palabra linaje flotaba en el aire, pesada y sofocante, disipando al instante la extraña intimidad que se había instalado entre Damien y yo. Sofía Moreno no se andaba con sentimentalismos. Era una mujer de estrategia, y su mirada estaba ahora firmemente fija en el futuro de su casa.
«Alex nos ha deshonrado», afirmó Sofía, con la voz despojada de la calidez que había mostrado hacía unos instantes. «Pero sigue siendo el heredero. No podemos cambiar su sangre, por muy diluido que se haya vuelto su juicio. Una vez que termine su confinamiento, debemos asegurarnos de encontrar una nueva pareja. Inmediatamente».
Se inclinó hacia delante, con los nudillos blancos contra la punta de su bastón. —Ya he elaborado una lista. Los Greco de Chicago, o tal vez los Vitiello de Nueva York. Necesitamos una chica del Viejo Mundo, Damien. Alguien criado en la tradición, alguien que comprenda que el deber de una esposa es dar a luz a hijos varones y mirar para otro lado. »
Me quedé completamente inmóvil, con las manos cruzadas en el regazo. La ironía era amarga. Hacía solo unos minutos me había enterado de que era la prometida del Rey, y ahora los escuchaba conspirar para vender a otra chica al Bufón.
M𝗂𝗹𝗲𝘴 𝗱𝗲 𝘭𝘦c𝘵𝗈r𝖾𝘀 е𝗇 𝘯о𝘷е𝗅а𝗌𝟦𝗳𝖺𝗇.сom
«¿Y la chica con la que se fugó?», preguntó Damien. Su tono era peligrosamente tranquilo, sin delatar nada.
Sofía hizo un gesto de desprecio con la mano, como si espantara una mosca. «¿La puttana? Que se la quede como amante si tiene que hacerlo. Los hombres tienen necesidades. Pero un Don necesita una reina, Damien, no a una mujer de la calle. Hay que proteger el linaje. Necesitamos nietos legítimos, no bastardos nacidos de una camarera».
Miré a Damien. Su perfil parecía esculpido en granito, con la mirada fija en el fuego. Esperaba que estuviera de acuerdo. Era lo lógico. En nuestro mundo, el matrimonio era una transacción comercial, y Alex era un activo en decadencia que necesitaba el respaldo de una alianza sólida.
«No», dijo Damien.
Esa única palabra resonó en la habitación como un latigazo.
Sofía parpadeó, desconcertada. «¿Perdón?».
.
.
.