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Capítulo 224:
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—María —reflexioné, dándome un golpecito en la barbilla con el dedo—. La sombra de Beatrice. Es leal hasta el extremo.
—Es leal a Beatrice —me corrigió Clara con delicadeza—. Pero está entregada a él.
Volví a mirar a Robert, y mi expresión pasó de la indiferencia a un cálculo depredador. Regresé a la mesa y me senté, cruzando las piernas.
«¿Es eso cierto, Robert? ¿Hará María lo que sea para salvarte el pellejo?».
Robert asintió frenéticamente. «¡Sí! Sí, ella me ama. Siempre ha arreglado mis líos. Si sabe que estoy en deuda con los Moreno —si sabe que mi vida está en tus manos—, te escuchará. Tiene que hacerlo».
«Entonces este es el trato», dije, bajando la voz hasta convertirla en un susurro letal. «Pagaré tu deuda con los Moreno. Incluso cubriré el dinero que le robaste a los Carlson, para que Beatrice nunca se entere».
Robert se desplomó aliviado, exhalando un suspiro tembloroso. «¡Gracias, signora! Gracias…»
«No me des las gracias todavía», le interrumpí bruscamente. «No soy una organización benéfica. Estoy comprando tu vida, Robert. Y el precio es una reunión».
«¿Una reunión?».
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«Mañana. Al mediodía. En la antigua capilla de la calle 4. Me traerás a María», le ordené. «Le dirás la verdad: que eres un hombre muerto en vida a menos que ella suplique mi clemencia. Si viene, vivirás. Si se niega… o si intentas huir…».
No necesité terminar la frase. El frío pavor que se apoderó de su rostro me indicó que lo había entendido perfectamente.
—La traeré —susurró Robert—. Lo prometo.
—Lleváoslo de mi vista.
Enzo puso a Robert en pie y lo empujó hacia la puerta. Cuando la pesada puerta de roble se cerró con un chasquido, la tensión en la habitación se disipó.
Clara soltó un pequeño suspiro y me sirvió un vaso de agua fresca. Elara, que había permanecido en silencio en un rincón, finalmente habló. «Es un gusano patético. ¿De verdad crees que María se volverá contra Beatrice por él?»
Cogí el agua, con una pequeña sonrisa de victoria en los labios. «El amor de una madre es algo poderoso, Elara. Incluso cuando no está ligado por la sangre. María se ha pasado la vida protegiendo a ese hombre. No va a parar ahora».
«La trampa está tendida», murmuró Clara.
«Sí», asentí, mirando el lugar vacío donde Robert se había postrado. «Ahora solo tenemos que esperar a que la verdadera presa caiga en ella».
Punto de vista de Isabella
El silencio que siguió a la partida de Robert no era vacío: estaba cargado con la promesa de la ruina. Removí el líquido ámbar que quedaba en mi vaso, observando cómo la luz se reflejaba en el cristal.
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