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Capítulo 691:
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Solo tras lo que pareció un silencio interminable, Kyson volvió a hablar. «No me importa que Hancock se quede bajo el mismo techo que nosotros. Pero me debes algo a cambio: una fecha límite clara. Quiero saber cuándo piensas divorciarte de Griffin».
La sorpresa se reflejó en el rostro de Kailey cuando levantó la cabeza bruscamente, bajando la guardia por un instante fugaz. ¿Estaba Kyson diciendo que aceptaría ser su amante secreto por ahora?
Kyson se dio cuenta de que Kailey seguía negándose a responder, así que se inclinó y le pellizcó ligeramente la mejilla. Su voz denotaba una firme autoridad. «Esto es una orden, Kailey. Y tú deberías saber mejor que nadie que hablo muy en serio».
Un hombre como Kyson siempre había estado acostumbrado a que las cosas salieran como él quería. Que lo ignoraran o lo dejaran de lado era algo que simplemente no aceptaría.
Una leve curva apareció en la comisura de los labios de Kailey mientras se echaba hacia atrás lentamente. Su movimiento denotaba una intención calculada. Se levantó de la cama mientras creaba silenciosamente distancia entre ellos, luego levantó el edredón y se lo echó por encima, bloqueándole la vista casi por completo. Solo quedaban visibles los tenues trazos a lo largo de su clavícula.
«Si no puedes aceptarlo, vete. Nunca te pedí que vinieras. En cuanto a Griffin…» Sus ojos se desviaron hacia la ventana, y la luz del sol rozó la leve sonrisa de su rostro. «No puedo sacarlo de mi vida ahora mismo. Si quieres esperar, es tu elección. Si no, entonces eres libre de hacer lo que quieras».
Ya fuera hace tres años o en ese momento, Kyson siempre había sido un misterio para Kailey. Aun así, algo había equilibrado por fin la situación: él tampoco podía entenderla.
Aunque habían compartido la misma cama la noche anterior, la forma en que se separaron después traía consigo una tensión inconfundible.
Incluso después de que Kailey llegara a la oficina, la expresión de Kyson antes de marcharse no dejaba de repetirse en su mente: su mirada había sido casi lo suficientemente feroz como para devorarla por completo, junto con las últimas palabras que le había lanzado.
—¡Kailey, eres realmente increíble!
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Había pronunciado esas palabras con los dientes apretados. Al recordarlo ahora, Kailey soltó una risa silenciosa.
La puerta de la oficina se abrió en ese momento y Jake entró justo a tiempo para verla sonreír. Su expresión se suavizó ligeramente. —¿Ha pasado algo bueno?
Kailey levantó la vista, con la sonrisa aún presente. —Quizá. ¿Tienes alguna buena noticia? —Su respuesta dejó claro que no tenía intención de dar explicaciones.
Jake no mostró ninguna reacción. Con su habitual calma y cortesía, dio un paso adelante y dejó los documentos que llevaba en la mano sobre el escritorio de ella. —Esto viene de Lionel. Los derechos de gestión que le concediste para esa montaña ya han expirado.
Una ligera arcada apareció en el ceño de Kailey mientras comenzaba a pasar las páginas una a una. «¿Así que se puso en contacto por su cuenta?».
Jake asintió con la cabeza. «Así es. Él se puso en contacto conmigo primero».
Lionel siempre había sido un hombre de negocios calculador. Si Kailey no lo hubiera mencionado, era imposible que devolviera nada por voluntad propia, lo que hacía que su repentina decisión resultara aún más desconcertante.
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