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Capítulo 1625:
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Bernice levantó una ceja sorprendida. Después de todo, las cámaras eran nuevas y de primera calidad, no debería haber ningún problema técnico. Sin embargo, cuando miró la cámara de Scarlet, el problema quedó claro.
Bernice contuvo una sonrisa. «Eh, ¿quizás deberíamos empezar por quitar la tapa del objetivo?».
«¡Oh, claro! ¡Se me había olvidado quitar la tapa del objetivo!», exclamó Scarlet, sonrojándose de vergüenza.
Bernice se rió con calidez. «Exacto».
Scarlet quitó rápidamente la tapa del objetivo y volvió a fotografiar con renovado entusiasmo.
Aitana, que había estado observando desde un lado, también quitó la tapa de su lente en silencio. Gracias a la pregunta de Scarlet, había evitado revelar su propio descuido embarazoso.
Mientras tanto, Yelena y sus compañeras se reunieron para comenzar su reto. Todas las jugadoras que esperaban llevaban auriculares con música rock a todo volumen, lo que hacía imposible escuchar nada.
«Cinco churros, tres tortitas, diez raviolis de queso…».
«¿Eso es todo?».
«Eso es todo, pasad al siguiente paso».
El equipo de Simone ejecutó su estrategia a la perfección, colocando a Yelena, dotada de una memoria extraordinaria, como última jugadora. Esto significaba que ella se encargaría del dinero y compraría todos los artículos necesarios.
En cuestión de minutos, Yelena regresó con los brazos llenos de bolsas, con todos los artículos y cantidades perfectamente correctos.
Alguien del equipo contrario gritó con escepticismo: «Yelena, ¿seguro que no has hecho trampa?».
Yelena se encogió de hombros con confianza. «Es muy sencillo. ¿Por qué iba a hacer trampa?».
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Su respuesta tan natural dejó a todos boquiabiertos.
«¡Dejad de perder el tiempo y seguid con vuestra tarea!», gritó Simone al equipo de Hannah, con la voz quebrada por la energía competitiva.
El grupo de Hannah se reunió y llegó a la conclusión de que depender únicamente de la memoria sería demasiado difícil. Necesitaban una estrategia inteligente.
Crearon un intrincado sistema de sutiles señales con las manos para representar cada objeto, de modo que solo tuvieran que memorizar las cantidades. Tras un intenso ensayo, finalmente dominaron todo su código gestual.
«Estamos listos», anunció Hannah.
El presentador se inclinó hacia delante con interés. «¿Estáis seguros?».
Los ojos de Hannah brillaban con certeza. «Por supuesto».
«Entonces esperamos con impaciencia vuestra actuación».
Cuando Delphine, la primera de la fila, escuchó las instrucciones, la sorpresa se apoderó de su rostro. «Espera, ¿por qué ha cambiado la comida? Pensaba que…».
Su desconcierto y su pánico creciente se extendieron por el equipo como la pólvora. Cuando Hannah recibió las instrucciones, la misma confusión nublaba su rostro. «Un momento, ¿eran seis o cinco?».
«Oh, no, estoy completamente confundida. Ve y compra lo que recuerdes».
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