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Capítulo 1388:
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Esa sonrisa, suave y despreocupada, solo confirmó sus peores temores: ella era feliz sin Damon.
Como resultado, Austin se convenció de que su repentina aparición era la razón de la infelicidad de Yelena.
Austin tragó saliva con dificultad, obligándose a dejarla ir. Su voz sonó ronca. «¿Puedo abrazarte?».
Yelena parpadeó. Su petición la tomó por sorpresa. Hace un momento parecía devastado. Ahora parecía… ¿aliviado?
Ella esperaba que él dijera algo y le diera una explicación.
Al verla dudar, Austin añadió en un susurro: «Solo una última vez…». Antes de que pudiera terminar, Yelena lo agarró de la corbata y lo tiró hacia abajo.
Austin se inclinó instintivamente hacia delante.
Antes de que pudiera procesar lo que estaba pasando, Yelena presionó sus labios contra los de él, silenciándolo por completo.
«Vaya…». La exagerada reacción de John rompió el momento. Reclinándose con una sonrisa burlona, miró deliberadamente a Damon antes de burlarse: «¿Lo has visto? Austin y Yelena son inseparables. No tienes ninguna oportunidad, así que piérdete».
Damon, imperturbable, se limitó a reír. «¿Ah, sí? ¿En serio?», dijo con indiferencia. «Lo dudo mucho».
La sonrisa burlona de John desapareció al instante. Sus ojos se oscurecieron y su temperamento se encendió. «¿Qué quieres decir?».
«Exactamente lo que he dicho».
La sonrisa de confianza de Damon hizo que la sangre de John hirviera.
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Mientras tanto, Austin finalmente se apartó, lamiéndose los labios como si intentara convencerse de que el beso había sido real.
Si ya había elegido a Damon, ¿por qué lo besaba?
Yelena no habló de inmediato. Simplemente lo miró, con el pecho subiendo y bajando ligeramente.
Sus profundos y hipnóticos ojos brillaban como estrellas, y sus largas pestañas revoloteaban como delicadas alas de mariposa.
Era impresionante. Ningún hombre podía resistirse a tal visión.
Austin no era una excepción. Su voz se redujo a un susurro ronco mientras murmuraba: «Tú empezaste esto».
Antes de que Yelena pudiera reaccionar, Austin la agarró, levantándola del suelo mientras aplastaba sus labios contra los de ella.
Yelena jadeó, rodeando instintivamente su cuello con los brazos. El movimiento solo los unió más.
El tiempo pareció difuminarse.
Cuando finalmente se separaron, Austin respiraba con dificultad. Su intensa mirada se clavó en la de ella, sus ojos oscuros se arremolinaban con emoción. Murmuró: «Ya que me has elegido…Nunca te dejaré ir».
Yelena suspiró. «Austin, estás siendo ridículo». Sus palabras lo dejaron paralizado.
Yelena suspiró de nuevo, sabiendo exactamente lo que él estaba pensando.
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