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Capítulo 1387:
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Cállate —lo interrumpió Austin bruscamente.
John parpadeó, desconcertado. Él había estado defendiendo a Austin, ¿por qué lo callaba?
Austin, por su parte, estaba más preocupado por la reacción de Yelena. Si se enteraba de lo que había estado haciendo Damon, podría enfadarse… o peor aún, decepcionarse.
Apretó la mandíbula. Se volvió hacia Yelena. —Yelena, ven aquí un momento.
Sus dedos se crisparon ligeramente, ansiosos por alcanzar su mano, pero en el último momento se contuvo.
A Yelena le pareció un poco extraño su comportamiento, pero antes de que pudiera preguntarle, miró a Damon, preocupada por si John empezaba otra pelea.
Intuyendo su vacilación, Damon le hizo un gesto con la mano para que se fuera. —Ve —dijo con una sonrisa—. Pero no tardes mucho. Más tarde cenaremos juntos».
Yelena asintió. «De acuerdo».
John apretó los puños a los lados. La sangre le hervía al ver cómo Damon despachaba a Yelena con aire burlón, como si ya hubiera ganado. Sus ojos se oscurecieron de furia. «¡Deberías avergonzarte!», espetó.
Damon lanzó una mirada provocadora a John, con los ojos brillantes de satisfacción, casi malvada.
John apretó los puños, apenas capaz de contener su furia.
Justo cuando estaba a punto de lanzar un puñetazo, Damon se volvió de repente hacia Yelena y soltó un grito juguetón. «¡Oh, qué miedo!», exclamó, con un tono inesperadamente meloso.
John se quedó paralizado. El estómago se le revolvió con repugnancia. «Qué asco. Afeminado», escupió.
Pero, para su sorpresa, Damon no se inmutó. Le devolvió la mirada con una calma inquietante, con un destello de desafío en los ojos.
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John se quedó momentáneamente atónito. Había algo en Damon que no le cuadraba.
Siempre había pensado que había algo extraño en Damon, como si no fuera un chico normal, pero nunca se le había pasado por la cabeza que tal vez Damon no fuera un hombre.
A unos metros de distancia, Austin había llevado a Yelena a un lado de la carretera. Al oír el exagerado jadeo de Damon, Yelena se volvió instintivamente, frunciendo ligeramente el ceño.
Al ver que Damon estaba ileso, suspiró aliviada.
Pero para Austin, esa pequeña reacción fue como una puñalada en el corazón.
Una ola de dolor lo invadió, pero se obligó a disimularla con una sonrisa.
Fingiendo indiferencia, le preguntó: «¿Cómo has estado últimamente?».
Yelena ladeó la cabeza hacia él. Austin se había quedado repentinamente en silencio durante días, desapareciendo sin explicación.
Ella había supuesto que simplemente estaba ocupado, así que tampoco se había puesto en contacto con él. Pero ahora, al ver la tristeza en sus ojos, como si hubiera sido profundamente herido, Yelena se sintió desconcertada.
Le dedicó una pequeña sonrisa. «Estoy bien».
Su respuesta casual lo destrozó aún más.
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