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Capítulo 1137:
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El fuego se fue apagando poco a poco y la noche se hizo más profunda a su alrededor. Ella susurró su nombre y juntos se metieron en la tienda, acurrucándose para darse calor.
Dentro de la pequeña tienda, una rara sensación de paz se apoderó de ellos, como si el mundo exterior se hubiera detenido solo para ellos.
Cuando la primera luz del alba se coló por las costuras de la tienda, se despertaron al mismo tiempo, intercambiando sonrisas somnolientas antes de vestirse rápidamente y salir a recibir el nuevo día.
El cielo oriental era una obra maestra de oro y carmesí, con el sol saliendo lentamente y derramando sus primeros rayos sobre el mundo.
Dejaron que la fresca brisa matinal los acariciara, empapándose de la belleza que los rodeaba.
El tiempo parecía haberse detenido y el mundo parecía perfectamente inmóvil, como si toda la naturaleza se hubiera detenido para maravillarse con ellos.
Yelena sacó su teléfono y tomó una foto. En ese encuadre, sus sonrisas brillaban intensamente, como si el propio universo estuviera celebrando su felicidad.
«Me siento el hombre más feliz del mundo», murmuró Austin, mirando a Yelena en sus brazos. Entrelazó sus dedos. «Mientras estés conmigo, cada día es un regalo».
Paseaban por el bosque, disfrutando de la rara tranquilidad del momento.
Solo cuando el sol se hubo elevado más en el cielo, recogieron sus cosas, con el corazón encogido al pensar en dejar atrás la montaña, un lugar que guardaría para siempre sus recuerdos.
Yelena llegó justo a tiempo para la cita de Erica.
—¡Yelena! ¡Por aquí!
En cuanto Erica vio a su amiga, la saludó con entusiasmo.
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Pero en cuanto sus ojos se posaron en el hombre que estaba junto a Yelena, se quedó paralizada, con las palabras atrapadas en la garganta. «Señor…». Antes de que pudiera terminar el nombre, Yelena le guiñó un ojo. Erica lo entendió rápidamente, apretó los labios y asintió con la cabeza en señal de comprensión.
«Dijo que quería vivir la experiencia», explicó Yelena, señalando a Austin con la cabeza.
El novio de Erica miró a la pareja, evaluándolos. Yelena se había recogido el pelo bajo una gorra de béisbol y una mascarilla le ocultaba casi todo el rostro, haciéndola casi irreconocible. Sin embargo…
El novio de Erica, Westin Campbell, miró a Austin con aire perspicaz. Observó que, aunque Austin no llevaba ropa de marcas destacadas, su atuendo desprendía un lujo discreto gracias al corte elegante y la textura de los tejidos. Esa aguda observación de los detalles era algo que Westin había perfeccionado como seguidor de las tendencias de la moda.
Westin se quedó desconcertado. ¿Cómo era posible que Erica, que solía vestir con ropa sencilla, conociera a alguien tan distinguido?
Una mezcla de emociones se agitó en su interior: una nueva visión de Erica, junto con la curiosidad y la especulación sobre los antecedentes de Austin.
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