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Capítulo 96:
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—Collin —susurró Linsey, pronunciando su nombre en un murmullo suave, con el corazón latiendo ligeramente.
En ese momento íntimo, Linsey se dio cuenta de que el peluquero y el maquillador habían salido discretamente, dejándolos en una burbuja de tranquilidad y recién descubierta cercanía.
—Hmm —murmuró Collin, con su voz grave vibrando con una preocupación apenas disimulada. Se inclinó ligeramente hacia ella, con la mirada inquisitiva, y repitió su pregunta anterior—. ¿Qué tal te queda el vestido? Si no es de tu estilo, puedo pedir que te traigan otro.
Linsey mantuvo la mirada fija, con el corazón latiendo con intensidad. Mientras observaba su rostro familiar, un nudo de emoción comenzó a formarse en su garganta.
—El vestido es precioso, de verdad —le aseguró Linsey, con una voz suave y temblorosa que no pudo ocultar del todo. Respiró hondo, intentando recomponerse, pero el esfuerzo hizo que su vulnerabilidad fuera aún más evidente.
La expresión de Collin se ensombreció con una mezcla de confusión y preocupación. —No lo parece —señaló, frunciendo el ceño mientras daba un sutil paso hacia ella—. Tus ojos… dicen otra cosa.
En efecto, sus ojos estaban vidriosos, con el borde enrojecido, delatando su confusión interior. Linsey parpadeó rápidamente, y una lágrima solitaria se escapó a pesar de sus esfuerzos por mantener la compostura.
El corazón de Collin se encogió al verlo, y sintió una punzada de dolor en el pecho.
Los ojos de Linsey parpadearon nerviosamente mientras él hablaba, y una lágrima resbaló suavemente por su mejilla.
Ella apartó la cabeza, con la voz temblorosa, mientras intentaba débilmente desviar la atención. —No es nada, de verdad. Solo tengo algo en el ojo, eso es todo.
Intentó alejarse para ocultar sus lágrimas, pero Collin fue más rápido. Extendió la mano y le agarró la muñeca con un gesto tierno pero firme.
Collin mantuvo el agarre firme, y el calor de su palma tranquilizó a Linsey mientras sus dedos descansaban ligeramente sobre su muñeca. Bajo su tacto, el pulso de ella temblaba, inestable, pero vivo.
—Tienes maquillaje. Quédate quieta —dijo con voz tranquila, a modo de orden.
Linsey se quedó paralizada, sin aliento, cuando sus miradas se cruzaron. Sintió el peso del momento presionando contra su pecho, impidiéndole moverse. Abrió los labios, pero no salió ningún sonido. Un brillo de lágrimas contenidas se aferró a sus pestañas, reflejando la tenue luz.
Algo indescifrable pasó por la mirada de Collin. Ella parecía tan frágil, tan pequeña, que le oprimía el pecho.
Exhaló lentamente antes de acercarse y apartar con los dedos ásperos la humedad que se acumulaba en las comisuras de los ojos de ella. Su tacto fue cuidadoso, deliberado.
—Solo quiero saber si te gusta el vestido. Sin mentiras —dijo Collin, con tono mesurado.
Una pizca de sorpresa cruzó el rostro de Linsey. Por un instante, su corazón dio un vuelco y luego se aceleró, enviando una oleada de calor por sus venas.
—Sí.
La única sílaba apenas salió de sus labios antes de disolverse en silencio.
—¿Hmm? —Un suave murmullo salió de los labios de Collin, y la profundidad de su propia paciencia lo tomó por sorpresa.
Las respuestas tal vez no llegaran fácilmente, pero se sintió extrañamente satisfecho de esperar.
Linsey titubeó antes de hablar, con voz frágil pero sincera. —Me encanta. Cada palabra es cierta.
Tras una pausa, confesó: «Casarme contigo… es algo por lo que nunca dejaré de estar agradecida».
En el instante en que las palabras salieron de sus labios, algo se agitó en su interior, un sentimiento demasiado poderoso como para reprimirlo.
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