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Capítulo 204:
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¿Por qué tuvo que beber?
A pesar de las pruebas que tenía ante sí, Linsey seguía sin comprender la situación. Parecía surrealista, como una pesadilla.
Su voz temblaba cuando finalmente rompió el silencio. —Collin —susurró—. Anoche… ¿qué pasó exactamente?
Collin entrecerró los ojos ligeramente y una mirada de frustración cruzó su rostro. —Linsey —dijo con voz incrédula—. ¿No lo recuerdas? ¿Otra vez? ¿Ni siquiera recuerdas esto?
Linsey se mordió el labio, sintiendo una oleada de vergüenza. —De verdad que no —admitió, con un hilo de voz—. Por eso te pido que me cuentes lo que pasó.
Hizo una pausa, tratando de reconstruir los fragmentos de su memoria. —Recuerdo que fui a la cena —continuó—, y que bebí un poco, ¡solo una copa! Y luego… todo se vuelve blanco.
Collin se inclinó hacia delante y le habló en voz baja y pausada. —Después de emborracharte, Linsey, te aferraste a mí, no me soltabas, me provocabas sin descanso, me exigías que fuera tu novio e incluso empezaste a hablar de tener hijos conmigo.
Linsey abrió los ojos con horror y se sonrojó de vergüenza. ¡No podía creer que hubiera actuado de forma tan escandalosa, tan desvergonzada! Prefería que la tierra se la tragara.
—Te llevé a casa —continuó Collin, con voz firme e inquebrantable—. Pero no me dejaste marchar. Me ataste con mi corbata e insististe en tomar el control.
Una pizca de diversión brilló en sus ojos, como si estuviera disfrutando en secreto de la vergüenza de ella.
Linsey estaba mortificada. —¿Hice todo eso? —susurró, con voz llena de incredulidad—. ¿Estaba tan fuera de control?
¿El estrés del trabajo y el agotamiento la habían llevado realmente a ese extremo?
Un vago recuerdo parpadeó en su mente: una corbata de seda, anudada con maestría…
Linsey quiso protestar, proclamar su inocencia, pero sus ojos se posaron en las marcas reveladoras del cuerpo de Collin: los arañazos en el pecho, las marcas rojas en las muñecas donde ella lo había atado. Su determinación se desmoronó.
La mirada de Collin se clavó en la de ella, con una expresión indescifrable. —¿De verdad no recuerdas nada? —preguntó con voz baja y firme.
Linsey intentó desesperadamente recordar los acontecimientos de la noche anterior, pero solo conseguía evocar imágenes fragmentadas, vislumbres fugaces de una realidad perdida.
Pero entonces, un pensamiento escalofriante la golpeó. Si ella no había iniciado nada, ¿cómo había podido tener relaciones sexuales con Collin, con su movilidad limitada?
La comprensión la llenó de una ola de asco hacia sí misma.
Debía de haber estado completamente desvergonzada, totalmente desinhibida por el alcohol, para haber tenido relaciones íntimas con él contra su voluntad la noche anterior.
Linsey sintió que las náuseas la invadían. ¿Cómo había podido aprovecharse de Collin en un estado tan vulnerable? ¿Cómo había podido ser tan cruel?
¡Debería haber sido una decisión mutua!
Por un momento, Linsey no supo cómo mirar a Collin a los ojos.
Tras una breve pausa, Linsey respiró hondo y declaró con sinceridad: —No te preocupes. Aunque no lo recuerdo todo con claridad, no voy a rehuir esto. Te compensaré.
La ansiedad de Collin se disipó al oír sus palabras.
Había previsto que Linsey se enfadaría o incluso se angustiaría, pero su reacción inesperada lo pilló completamente desprevenido.
Collin encontró la situación bastante divertida.
«Dime, ¿cómo piensas compensarme exactamente?». La voz de Collin era firme, pero sus palabras tenían un tono juguetón. «Linsey, anoche estuviste muy desenfrenada. No pude controlarte en absoluto».
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