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Capítulo 205:
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«¡Está bien, está bien!». Linsey apretó los ojos con fuerza, abrumada por la vergüenza. Luego, recuperando la compostura, declaró: «Solo dime qué quieres que haga y lo haré».
Linsey se devanaba los sesos, tratando desesperadamente de encontrar una forma de compensarlo.
No podía borrar de su mente la confesión de Collin: nunca había estado con una mujer.
¿Quién podría haber predicho que su primera experiencia íntima tendría lugar en unas circunstancias tan extrañas y desconcertantes? La culpa carcomía a Linsey con cada vez más intensidad, y una pizca de preocupación se dibujó en su rostro.
Collin, al observar su expresión atribulada, no pudo evitar soltar una suave risa.
—No pasa nada, Linsey —la tranquilizó Collin tras una breve pausa—. No te culpo. Solo bésame y quedaremos en paz.
Linsey se quedó paralizada, con los ojos muy abiertos por la sorpresa. —¿Eh? ¿Eso es todo? ¿Así de sencillo?
Collin extendió la mano y tomó suavemente la mano ligeramente fría de ella entre las suyas, con voz baja y firme. —Linsey, somos marido y mujer. Lo que pasó entre nosotros es perfectamente natural. ¿De verdad pensabas que te iba a dejar por algo así?
Linsey reflexionó sobre sus palabras y se dio cuenta de que tenía razón.
Una sonrisa se dibujó en su rostro y una ola de calor la invadió.
—Me alegro de que no me culpes —dijo Linsey.
Collin negó con la cabeza. —No lo hago.
Linsey contempló el hermoso rostro de Collin y, aún envuelta en la manta, se inclinó hacia él y le rozó los labios con suavidad.
El beso fue tan breve que Collin apenas tuvo tiempo de registrar su contacto.
Collin frunció ligeramente el ceño. —No es exactamente lo que tenía en mente —dijo.
Linsey lo miró, desconcertada. —¿No acabas de decir que un beso sería suficiente?
Collin se rió entre dientes, con los ojos brillantes de diversión. —No me refería a un simple beso en los labios.
Su mirada se posó una vez más en los labios de ella.
Linsey sintió un escalofrío recorrer su espalda y un calor florecer donde se posaban los ojos de él.
Se mordió el labio y un rubor se extendió por sus mejillas.
Al ver su timidez, Collin no pudo resistirse a seguir bromeando. —Anoche fuiste muy atrevida —comentó en tono juguetón—. ¿Por qué ahora tan tímida?
El rostro de Linsey se sonrojó, en una mezcla de ira y vergüenza. Sentía que Collin se estaba burlando de ella. —¡Cómo te atreves a subestimarme! —replicó.
Con un brillo de determinación en los ojos, Linsey se inclinó y capturó sus labios con los suyos. Collin contuvo el aliento y, justo cuando estaba a punto de profundizar el beso, ella se apartó. Para añadir más leña al fuego, le mordió juguetonamente el labio inferior, no con fuerza suficiente para hacerle daño, pero sí lo suficiente para dejarlo con ganas de más.
Collin soltó un grito dramático, fingiendo estar ofendido. —¡Ay! ¿Es esto venganza por algo?
—No seas ridículo —replicó Linsey, luchando por mantener la compostura—. Solo… estoy un poco oxidada, eso es todo.
Collin se quedó en silencio, con la mirada clavada en ella con una intensidad que le hizo sentir un escalofrío recorriendo su espalda.
—Bueno, deberíamos levantarnos —tartamudeó Linsey, nerviosa. Cogió el pijama de la mesita de noche, se lo puso y se apresuró a ir al baño para refrescarse.
Collin la vio huir, con una sonrisa de diversión en los labios.
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