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Capítulo 203:
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Sus movimientos eran torpes, lejos de ser elegantes, pero él no podía apartar la mirada. Se sintió cada vez más atraído por el momento, y su mirada se oscureció con intensidad.
—Tienes un buen cuerpo, cariño —bromeó Linsey, pasando los dedos por sus abdominales. Pero cuando levantó la vista, se encontró con su mirada ardiente.
Su corazón dio un vuelco y la sonrisa burlona se desvaneció de sus labios.
Por alguna razón, una ola de arrepentimiento la invadió.
Soltó una risa incómoda, soltándolo rápidamente y dando un paso atrás.
Pero en un instante, Collin se liberó de la corbata y la atrajo hacia sí con facilidad.
Linsey soltó un grito de sorpresa cuando el mundo se inclinó y se encontró inmovilizada debajo de él.
—Collin, ¿qué estás haciendo? —preguntó con voz temblorosa por los nervios, sacando la lengua para humedecerse los labios sin pensar.
Los ojos de él, oscuros e intensos, se fijaron en los labios ligeramente húmedos y sonrosados de ella. Una sonrisa pícara, casi peligrosa, se dibujó en las comisuras de su boca.
—Tú has empezado esto, Linsey, así que ahora tienes que terminarlo.
Antes de que ella pudiera responder, los labios de él se estrellaron contra los de ella, impidiendo que las palabras salieran de su boca.
Lo que vino después fue una nebulosa: una noche de pasión desenfrenada y ardiente de la que ninguno de los dos pudo escapar.
La tenue luz del sol matutino se colaba por la ventana, proyectando un suave resplandor sobre la cama deshecha.
Un estridente tono de llamada rompió el silencio. Linsey abrió los ojos aturdida, con la cabeza palpitando mientras buscaba a tientas su teléfono.
Pero en lugar de su teléfono, su mano encontró el calor de un pecho firme y desnudo.
Sus ojos se abrieron de par en par, sorprendida, fijándose en el torso desnudo de Collin.
Lo que la sorprendió aún más fueron las marcas que salpicaban su piel, marcas que le hicieron sonrojarse y le aceleraron el corazón.
—¡Ah! —Linsey jadeó, y un grito de sorpresa se escapó de sus labios.
Collin se movió a su lado y, con la voz ronca por el sueño, le agarró la mano. —¿Qué pasa?
Linsey intentó apartar la mano, pero no se movió, con la cara ardiendo por la mezcla de vergüenza y confusión.
—¿Por qué estás desnudo? —soltó antes de poder contenerse. Acababan de empezar a compartir habitación y ¿él se atrevía a dormir sin ropa?
Collin arqueó una ceja y miró brevemente hacia su clavícula. —Tú tampoco llevas nada puesto.
Linsey abrió los ojos como platos, sorprendida. Bajó la mirada y se le encogió el corazón al darse cuenta de que estaba igual de desnuda.
Las marcas de su cuerpo resaltaban aún más que las de él.
Su mente se quedó en blanco. Presa del pánico, agarró la manta y se envolvió con ella. —¡No mires! ¡Cierra los ojos! —suplicó con voz frenética.
Collin se incorporó apoyándose en un brazo, con la cabeza entre las manos, y la observó con una pizca de diversión.
—Ya lo he visto todo. ¿No es un poco tarde para taparte ahora? —bromeó él.
Sus palabras hicieron que una serie de imágenes vívidas pasaran por la mente de Linsey, haciendo que su pulso se acelerara.
Una ola carmesí inundó las mejillas de Linsey mientras un grito escapaba de sus labios. Miró a Collin, sin palabras, con la mente dando vueltas.
Había dormido con Collin la noche anterior… El pensamiento flotaba en el aire, tácito pero innegable.
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