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Capítulo 938:
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Andrew comenzó a hablar, pero Bettina lo interrumpió con voz gélida.
—No hace falta que digas nada —espetó.
Con un movimiento deliberado, Bettina sacó una tarjeta bancaria de su bolso y la dejó caer sobre la mesa con un golpe seco. —Aquí tienes el depósito. Organiza la operación de Marc de inmediato. En un mes, quiero verlo delante de mí, sano y salvo. Pero recuerda, no debe recuperar la memoria bajo ningún concepto». Sin decir nada más, se dio media vuelta y se marchó.
Andrew se quedó mirando la tarjeta bancaria, con la mirada fija en ella y en la silueta de Bettina que se alejaba. Sacudió la cabeza, sintiéndose impotente.
Bettina salió al aire fresco de la entrada de la clínica y respiró profundamente. El aroma fresco la ayudó a calmar el fuego que ardía en su interior por un momento.
Tenía que ocuparse de Charlee, y rápido.
Solo entonces podría poseer realmente a Marc y todo lo que la familia Harris poseía.
Pero mientras estaba allí, perdida en sus planes, una voz interrumpió sus pensamientos.
—Bettina, qué coincidencia.
El cuerpo de Bettina se tensó y su corazón dio un vuelco. Lentamente, se dio la vuelta y sus ojos se fijaron en un rostro que le resultaba familiar y distante a la vez.
—¿Philip? ¿Qué haces aquí?
Era Philip Ellis, el heredero de la familia Ellis, el hombre con el que casi se había casado tres años atrás.
Pero entonces, el destino había puesto a Marc en su camino y, en un instante, había abandonado a Philip sin pensarlo dos veces. El poder de su familia palidecía en comparación con el de los Harris, y Marc… Marc la había cautivado como nadie.
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Philip, con su aspecto sofisticado y elegante, vestido con un traje a medida, le sonrió con encanto.
Sin embargo, sus ojos brillaban con algo mucho menos acogedor: un brillo tranquilo e indescifrable.
«Qué casualidad». Se acercó a Bettina y le habló con voz suave y melodiosa. —Bettina, cuánto tiempo. ¿Qué tal si cenamos juntos?
La sugerencia era ligera, pero algo en su tono hizo que Bettina sintiera un escalofrío recorriendo su espalda.
—No, tengo otras cosas que hacer.
Bettina retrocedió instintivamente, con una voz más fría de lo que pretendía. No estaba de humor para reencuentros.
La sonrisa de Philip se desvaneció por un instante antes de volver a aparecer, con la mirada ahora oscura y penetrante.
—Esta clínica —dijo, bajando la voz— pertenece, en parte, a la familia Ellis. Sé exactamente lo que está pasando aquí.
A Bettina se le cortó la respiración al oír sus palabras, que le tocaron la fibra sensible.
—¿De qué… de qué estás hablando? ¡No lo entiendo!
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