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Capítulo 936:
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—¿Hola, Mooney? ¿Qué pasa? —preguntó, tratando de mantener la voz tranquila a pesar del nudo que se le formaba en la garganta.
Al otro lado, la voz de Mooney sonó tensa y urgente.
—Señorita Sullivan, por fin ha contestado. Ha pasado algo.
—¿Qué ha pasado?
Mooney dijo: —Bettina… Bettina ha vuelto a ir a ver al doctor Braxton.
¿Qué estaba tramando Bettina esta vez?
En cuanto colgó el teléfono, Charlee se levantó de un salto de la silla, sin que su maquillaje, normalmente impecable, pudiera ocultar la repentina palidez de su rostro.
Cogió su bolso y cojeando se dirigió hacia la puerta, sin prestar atención al agudo dolor en su tobillo lesionado. —Mitchell, ¡tengo que irme! ¡Es urgente!
—Su voz resonó en la amplia sala de estar, con un tono de urgencia que provocó una oleada de tensión en el ambiente.
Pero no esperó la respuesta de Arnold. En lugar de eso, salió corriendo de la finca Harris, con el corazón latiéndole con fuerza contra el pecho.
Marc se quedó paralizado, con el ceño profundamente fruncido.
Observó la frenética partida de Charlee. Una inquietud punzante se apoderó de su pecho, un impulso inexplicable que le instaba a moverse.
Sin pensarlo dos veces, cogió las llaves y salió corriendo tras ella.
Su coche siguió al de ella a una distancia prudencial, serpenteando por las calles de la ciudad como una sombra.
Mantuvo la distancia suficiente para que ella no se diera cuenta, pero la necesidad de acortarla lo carcomía por dentro. Tenía que saber qué estaba pasando.
Mientras tanto, dentro de la clínica de Andrew, el ambiente estaba cargado de tensión.
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Bettina irrumpió en la sala, con los tacones resonando con fuerza contra el suelo pulido y el rostro iluminado por una determinación ansiosa. —¡Dr. Braxton, dígame sobre ese nuevo tratamiento!». Su voz era aguda, rebosante de urgencia.
No se molestó en sentarse, sino que se plantó directamente frente al escritorio de Andrew, con las manos apoyadas en la madera mientras se inclinaba hacia adelante, irradiando autoridad.
Andrew, un hombre de mediana edad con cabello canoso y anteojos con montura dorada, tenía un aire de agotamiento, pero sus ojos conservaban una intensidad afilada.
Lentamente, levantó la cabeza para encontrar la mirada de Bettina, con una tormenta de emociones brillando bajo la superficie.
—Señorita Walsh, por favor, cálmese —dijo en un tono mesurado—. He estado trabajando con un equipo internacional de expertos para desarrollar un nuevo plan de tratamiento para el señor Harris.
Buscó en su escritorio, sacó un expediente y se lo deslizó. —Este es el último plan. Proponemos una cirugía de trasplante neural, implantar nervios artificiales. Esto podría…».
«Evitar que recupere la memoria y, posiblemente… alterarla por completo». Los ojos de Bettina se iluminaron.
Arrebató el documento y escaneó el contenido con creciente emoción.
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