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Capítulo 878:
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—¡Tú! —Charlee perdió la compostura y la furia se encendió en sus ojos—. ¡Bettina, deja de decir tonterías!
Pero Bettina permaneció totalmente imperturbable, con una sonrisa aún más profunda. —Oh, vamos, Charlee. ¿No tienes vergüenza? En un momento estás coqueteando con Slater y al siguiente te niegas a soltar a Marc. Estás jugando a dos bandas, ¿no?
Charlee se tambaleó al borde del colapso, con el cuerpo balanceándose como si el suelo bajo sus pies se hubiera vuelto en su contra.
De la nada, una mano firme la agarró por la cintura, estabilizándola justo antes de que cayera.
Por un instante, la tomó por sorpresa. Cuando se volvió, Slater estaba justo a su lado, aunque ella ni siquiera se había dado cuenta de que había llegado.
Envuelto en un elegante traje negro, parecía refinado sin esfuerzo, guapo, sereno y con un aire de tranquila confianza.
—¿Estás bien? —La voz de Slater era baja y suave, y su mirada se posó en Charlee sin vacilar.
Charlee lo miró a los ojos, con una expresión que era un enredo de emociones.
Abrió los labios, pero las palabras se negaron a salir.
Entonces, una voz profunda y familiar rompió el silencio detrás de ellos.
—¿Qué están haciendo ustedes dos?
Charlee y Slater se volvieron. No muy lejos, Marc estaba de pie, con el rostro ensombrecido por la ira.
Vestido con un elegante traje negro, tenía el mismo aspecto imponente de siempre.
—Bettina, ¿no dijiste que ibas al baño? ¿Por qué sigues aquí? —Su tono era frío, desprovisto de calidez, y transmitía un profundo descontento.
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En cuanto Bettina vio a Marc, se suavizó al instante y adoptó una expresión de dulzura bien ensayada.
Se acercó a él con aire despreocupado y le cogió del brazo con naturalidad. —Marc, justo iba a volver. Pero… parece que he interrumpido el momento íntimo de la señorita Sullivan y el señor Quimby.
Dejó la frase en el aire, con un énfasis deliberado y calculado.
—Lo siento mucho, Sra. Sullivan. Sr. Quimby. No era mi intención entrometerme —añadió con un parpadeo exagerado.
Charlee miró a Bettina y Marc, incapaz de contener la ira y el dolor que la invadían.
Sin dudarlo, metió la mano en el bolso y sacó el anillo, un símbolo que en otro tiempo había representado un vínculo inquebrantable con Marc.
El anillo, que antes era radiante e impecable, ahora estaba en ruinas, sin su diamante rosa. Al igual que su amor por Marc: destrozado sin remedio, perdido para siempre.
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