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Capítulo 839:
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¿Podría ser… que ella también sentía algo por él?
Bettina frunció ligeramente el ceño, aunque su mirada aguda permaneció oculta bajo capas de maquillaje impecable.
Tratar con Charlee ya era bastante difícil. Ahora, parecía que había otro problema que resolver.
Charlee no era solo la presidenta del Grupo Sullivan. También era el verdadero poder detrás del Grupo Harris: formidable, inteligente y el mayor obstáculo en el camino de Bettina.
Y ahora, de la nada, había aparecido Lorelei.
Bettina se obligó a mantener la calma.
Pasara lo que pasara, no podía permitir que nadie arruinara sus planes.
Estaba decidida a convertirse en la esposa de Marc y tomar el control de todo el imperio de la familia Harris.
—La reunión ha terminado por hoy —anunció Charlee, rompiendo el tenso silencio. La serie de turbulentos acontecimientos la había agotado por completo, tanto mental como físicamente.
Echó un vistazo a los accionistas, luego dirigió la mirada a Bettina y dijo: —La próxima vez repasaremos el nuevo proyecto energético.
Uno a uno, los accionistas se levantaron y salieron en silencio de la sala de conferencias en pequeños grupos.
Sus expresiones eran difíciles de descifrar: complicadas, inquietas.
Esta reunión debía ser un momento decisivo para el Grupo Harris, una oportunidad para demostrar su capacidad y trazar su futuro, pero se había convertido en un desastre, dejando a todos frustrados e inquietos.
Marc, sin embargo, permaneció sentado, con la mirada fría y perdida, absorto en sus pensamientos.
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Bettina se acercó y le dijo en voz baja: «Marc, vámonos».
Marc no dio señales de haberla oído, con la mente aparentemente en otra parte.
Vacilante, Bettina extendió la mano con la intención de cogerle del brazo…
De repente, el mundo de Charlee se inclinó. Su visión se nubló, su cuerpo dejó de obedecerle y, antes de que pudiera reaccionar, se desplomó hacia atrás.
—¡Charlee!
Un grito de sorpresa rompió el silencio que se había instalado.
En un instante, Marc, que estaba inmóvil unos segundos antes, la atrapó justo cuando estaba a punto de caer al suelo.
—Charlee, ¿qué te pasa? Su voz, normalmente tan controlada, ahora denotaba una angustia inconfundible.
Miró a la mujer que tenía en brazos: su rostro estaba mortalmente pálido, los ojos cerrados con fuerza y la frente cubierta de sudor.
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