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Capítulo 838:
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En ese momento, las puertas de la sala de conferencias se abrieron de nuevo.
Esta vez, entró Lorelei. Llevaba un vestido rosa, el pelo revuelto y los ojos hinchados. Las lágrimas le corrían por la cara, dejándola con un aspecto completamente angustiado.
—¡Marc! —gritó Lorelei en cuanto lo vio. Se abalanzó hacia él con los brazos extendidos, desesperada por abrazarlo.
Antes de que pudiera alcanzarlo, varios guardaespaldas se interpusieron, bloqueándole el paso.
«¡Déjenme pasar! ¡Déjenme pasar! ¡Tengo que ver a Marc!», gritó, luchando contra ellos. Su voz frenética rompió la calma que se había apoderado de la sala de reuniones.
Shane frunció el ceño. «Lorelei, ¿qué haces aquí?».
—¡Shane, ayúdame! Marc ya no me recuerda. ¡Esa mujer malvada lo ha hechizado! —Lorelei señaló a Bettina, sollozando incontrolablemente mientras hablaba.
—¡Basta ya, Lorelei! Esto es una junta de accionistas, no un lugar para montar un escándalo —espetó Shane.
—¡No me importa! ¡Solo quiero ver a Marc! —gritó Lorelei, ignorándolo.
Las lágrimas corrían por su rostro mientras dirigía su furia hacia Charlee y Bettina. «¡Vosotras dos, mujeres malvadas! ¡Todo esto es culpa vuestra! ¡Devolvedme a Marc!». Sus gritos solo aumentaban el caos en la sala de reuniones.
Los accionistas intercambiaron miradas inquietas, con expresiones llenas de confusión e incomodidad.
Los ojos de Marc se oscurecieron con disgusto. No la reconocía en absoluto y no tenía ni idea de por qué estaba montando semejante escándalo.
—Sáquenla —ordenó con frialdad.
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Los guardaespaldas se adelantaron inmediatamente, agarraron a Lorelei y la arrastraron a la fuerza.
—¡Marc, no puedes hacerme esto! ¡Soy Lorelei! ¡Tu amada Lorelei! —chilló, con la voz cada vez más débil mientras la arrastraban por el pasillo. Bettina observó en silencio cómo Lorelei desaparecía de su vista.
Los ecos de sus gritos se desvanecieron, dejando tras de sí un silencio incómodo y pesado en la sala.
Sin embargo, a pesar de la quietud, una profunda sensación de duda se agitaba en el corazón de Bettina.
¿Qué era aquello?
¿No era Lorelei la hija perdida de la familia Jensen, encontrada hacía solo tres años?
Mientras estaba en el extranjero, Bettina había investigado meticulosamente a todos los miembros del círculo de Marc para desempeñar mejor su papel de prometida.
Por lo que Bettina había descubierto, Lorelei no era más que una belleza decorativa. Era una heredera que poseía acciones del Grupo Jensen, pero no tenía ningún conocimiento real del negocio familiar.
Entonces, ¿por qué había aparecido de repente allí, llamando a Marc con tanta devoción inquebrantable?
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