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Capítulo 704:
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—Señora Sullivan, por favor, ¡mantenga la calma! —El agente la agarró del brazo con firmeza—. Necesitamos una estrategia para garantizar su seguridad y la de su hijo. Entrar a ciegas podría alertar a los secuestradores y ponerlo en un peligro aún mayor.
Charlee apretó los puños y su cuerpo tembló por el peso del miedo y la frustración.
—Lo entiendo. Cooperaré. Pero deben actuar rápido, ¡no pueden hacerle daño a mi hijo! —exigió, con la voz tensa por la urgencia.
En otro lugar, en el estudio de una lujosa villa, Bettina hablaba por teléfono en voz baja, pero con un tono venenoso y emocionado.
—Ahora está en mis manos —ronroneó, con palabras que rezumaban satisfacción.
—¿Y el Grupo Harris? —preguntó la voz fría y distante al otro lado de la línea.
—Todo va según lo previsto —respondió Bettina, con una sonrisa de confianza en los labios.
—Asegúrate de que no quede ningún rastro —advirtió la voz, desprovista de cualquier atisbo de calidez.
—No te preocupes. Siempre ato todos los cabos —prometió Bettina con una sonrisa pícara.
«Una vez hecho el trabajo, serás bien recompensada», añadió la voz, dejando la promesa flotando en el aire como un eco lejano.
Tras colgar, Bettina se acercó a la ventana, con la mirada perdida mientras sus pensamientos danzaban con oscuro deleite. El Grupo Harris era ya prácticamente suyo.
No pudo evitar reír, y un sonido tranquilo y triunfante escapó de sus labios.
Mientras tanto, Charlee caminaba sin descanso por la comisaría, con la ansiedad formando una tormenta en su interior.
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Se movía como una sombra, con las palmas húmedas por la nerviosa expectación. «¿Todavía no hay novedades?», preguntó a un agente que pasaba por allí, con voz teñida de desesperación.
«Señora Sullivan, por favor, intente tener paciencia. Estamos haciendo todo lo posible», dijo el agente, tratando de tranquilizarla.
Charlee se apoyó contra la pared y cerró los ojos, y una imagen fugaz de la dulce sonrisa de Kason apareció ante ella.
«Kason, mamá te salvará», susurró en su mente, con el corazón rezando en silencio.
«Señora Sullivan, Bettina ha accedido a reunirse mañana». La voz de Mooney interrumpió sus pensamientos, cansada pero decidida.
Se frotó los ojos cansados y fijó la mirada en Charlee.
—¿A qué hora y dónde? —preguntó ella con tono severo y decidido.
—Mañana, a las 10 de la mañana, en la sala de conferencias del Grupo Harris —respondió Mooney.
—De acuerdo —asintió Charlee sin dudarlo.
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