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Capítulo 703:
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Cuando terminó la llamada, todo su cuerpo se tensó y su mente se llenó de preguntas. Apretó los puños y se mordió las uñas.
«¿Quién podría estar detrás de esto?», murmuró con los ojos ardientes de furia.
Un torbellino de posibilidades se arremolinaba en la mente de Charlee, pero ninguna le ofrecía claridad.
Caminaba de un lado a otro, como un animal enjaulado, dentro de los límites de su oficina, los minutos se deslizaban como arena entre sus dedos, esperando cualquier noticia de la policía.
Con cada segundo que pasaba, la inquietud de Charlee se intensificaba y su paciencia se desmoronaba.
Volvió a marcar el número del mayordomo, desesperada por obtener cualquier dato.
—Señorita Sullivan, todavía no hay noticias —dijo la voz del mayordomo al otro lado del teléfono, llena de frustración.
Su corazón se hundió como una piedra en un abismo.
Cuanto más se alargaba la espera, más peligrosa se volvía la situación de Kason.
Se mordió el labio hasta que le dolió, obligándose a respirar, a mantenerse anclada en el caos.
El pánico era un lujo que no podía permitirse: tenía que salvar a Kason, costara lo que costara.
—¡Kason, mamá te encontrará! —juró en voz baja, con un tono suave, como una promesa tácita.
Agarró su abrigo y salió corriendo de la oficina, con la determinación cada vez más firme a cada paso.
En la penumbra de la sala de vigilancia del jardín de infancia, el aire estaba cargado de tensión, un peso palpable que oprimía a todos.
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En la pantalla, una mujer vestida con una gabardina negra y gafas de sol oscuras agarraba a Kason de la mano y lo guiaba rápidamente a través de las puertas.
«¡Acércate! ¡Ahora!».
La voz de Charlee rompió el silencio, fría como el hielo.
La imagen se amplió y el rostro de la mujer se vio con mayor nitidez.
¿Quién era?
La mente de Charlee iba a toda velocidad. Nunca había visto a esa mujer.
«Sigue la ruta del coche. ¡Ahora!», ordenó un policía, sin dejar lugar a dudas.
Otro agente entró en acción, conectándose a la amplia red de vigilancia de la ciudad y siguiendo cada movimiento del vehículo. Un punto rojo se desplazó rápidamente por el mapa, deteniéndose finalmente en una extensa finca a las afueras de la ciudad.
«Señora Sullivan, el coche ha entrado en una finca con un terreno complejo, perfecto para esconderse», le informó un agente, señalando el mapa con el dedo. Charlee sintió que se le cortaba la respiración y una opresión en el pecho amenazaba con robarle la concentración. «Voy a salvar a mi hijo», declaró, dando media vuelta y acelerando el paso.
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