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Capítulo 705:
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—Señorita Sullivan, no ha descansado en todo el día. Debería dormir un poco —insistió Mooney, con evidente preocupación mientras la veía alejarse.
Charlee negó con la cabeza, con un movimiento pequeño pero firme.
—No me iré hasta saber algo —dijo con voz firme, a pesar de la tormenta que se avecinaba en su interior.
—Pero… —Mooney dudó, pero la determinación de Charlee no dejaba lugar a discusiones.
—Sin peros. Mientras Kason esté ahí fuera, no puedo descansar —dijo con voz temblorosa, pero firme.
Mooney suspiró, comprendiendo el peso de su determinación, y se quedó en silencio a su lado.
La noche transcurrió en una confusión de preocupación y espera, mientras Charlee permanecía en la comisaría, sin apartar los ojos de la puerta.
A la mañana siguiente, un agente se acercó finalmente a ella, con una expresión que delataba la llegada de noticias.
—Señora Sullivan, hemos trazado la ruta. Exigen que entregue cinco millones en efectivo para garantizar el rescate, o matarán al rehén. Tenemos que coordinarnos desde ambos lados, dentro y fuera. Charlee se puso de pie de un salto, con el pulso acelerado.
—¡De acuerdo! Haré que alguien consiga el dinero inmediatamente.
La seguridad de Kason era lo único que importaba. Todo lo demás pasó a un segundo plano.
Para entonces, la reunión con la familia Walsh era un recuerdo lejano, relegado al rincón más recóndito de su mente.
Lo único que la consumía ahora era el único objetivo de recuperar a su hijo. El reloj marcó las diez.
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En la elegante sala de conferencias del Grupo Harris, Bettina estaba sentada como una reina en su trono, a la cabecera de la mesa. Tenía las piernas cruzadas con deliberada elegancia, irradiando arrogancia.
Sus dedos, pintados con un llamativo esmalte rojo, golpeaban la mesa con ritmo y constancia. De repente, su teléfono se iluminó.
Lo cogió y una sonrisa fría se dibujó en sus labios.
¡Charlee había caído directamente en la trampa!
No le habían hecho daño al niño, solo lo habían secuestrado. El plan siempre había sido alejar a Charlee hoy y tomar el control mientras su atención estaba distraída. Los minutos se hacían eternos. La hora prevista para la reunión había pasado hacía rato, pero Charlee no aparecía por ninguna parte.
«Charlee es muy arrogante», murmuró Bettina con voz cargada de desprecio. «¡Cómo se atreve a hacernos esperar así!».
Detrás de ella estaba el director de marketing del Grupo Harris. Era un hombre de mediana edad y aspecto severo, con gotas de sudor en la frente y la postura encorvada.
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