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Capítulo 638:
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«No puedo concentrarme…», balbuceó Charlee, apretando los ojos con fuerza mientras el dolor de la incertidumbre la devoraba. «Marc, ¿dónde… dónde estás?».
«Lo sé», dijo Shane, sentándose a su lado con un suspiro, tratando de ofrecerle algo de consuelo. «Pero el Grupo Harris no puede permitirse flaquear, y tampoco el Grupo Sullivan. Tienes que mantener la calma, por el niño, por Marc».
Charlee se obligó a respirar con calma. Se esforzó por concentrarse, centrándose en el contrato, cada palabra era una montaña que escalar. Le temblaba la mano al firmar con su nombre, la tinta fluía como un juramento silencioso.
—En el Grupo Sullivan, algunos accionistas han estado presionando para celebrar una reunión, con la esperanza de aprovechar tu situación y renegociar el reparto de acciones —añadió Shane, con tono sombrío—. He conseguido ganarlos tiempo, pero no puedo contenerlos eternamente.
Charlee palideció aún más y sus labios temblaron. —¿Están intentando aprovecharse de esto? —preguntó, con voz teñida de incredulidad.
—Me temo que sí —respondió Shane, con mirada sombría—. La situación es delicada y sus motivos son turbios.
Charlee apretó los puños, sintiendo cómo se encendía un fuego en su interior. Quizá había llegado el momento de recuperar el control. No podía seguir a la deriva en ese mar de incertidumbre. Si Marc pudiera verla ahora, sin duda se le rompería el corazón.
—¿Cuándo me darán el alta? —La voz de Charlee sonó resuelta, con un tono de determinación que atravesó la niebla.
Shane sonrió con ternura, con evidente alivio. —Hablaré con el médico. Charlee asintió con la cabeza y volvió la mirada hacia la ventana, con los pensamientos vagando como una silenciosa plegaria.
«Marc, debes volver sano y salvo…», rezó Charlee en silencio en su corazón.
Mientras tanto, al otro lado del mundo…
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Una suave brisa marina agitaba las cortinas, trayendo consigo una sensación de calma lejana. Marc se recostó en un sillón, con las ventanas del suelo al techo ofreciéndole una visión del mundo exterior. Frunció el ceño y se presionó las sienes con los dedos, en un gesto de frustración.
Vestido con un conjunto de ropa de estar por casa de color gris claro elegido por Bettina, irradiaba una elegancia natural, aunque la tensión de su postura delataba su inquietud interior.
—Marc, ¿te vuelve a molestar la cabeza? —La voz de Bettina rompió el silencio, con preocupación en sus palabras mientras se acercaba con una taza de leche humeante. Su vestido azul claro y suave brillaba con una gracia tranquila, reflejo de su sereno comportamiento.
Marc parpadeó lentamente, la confusión nublando su profunda mirada mientras aceptaba la taza, cuyo calor le ofrecía poco consuelo. «Sí, va y viene, como si algo intentara liberarse, pero no consigo entenderlo».
Bebió un sorbo de leche, cuyo líquido le calmó, pero no logró aliviar la agudeza de su mente.
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