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Capítulo 637:
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Débilmente, Charlee apartó la mano, escondió el rostro entre la manta y se acurrucó como un caparazón frágil.
Shane la observó en silencio y, antes de darse la vuelta y salir de la habitación, dejó escapar un profundo suspiro.
La puerta del hospital apenas se había cerrado cuando Shane oyó el sonido agudo y apresurado de unos tacones resonando en el pasillo como una tormenta en el horizonte. El sonido se hizo más fuerte con cada paso, lleno de una autoridad innegable.
—¡Sal de ahí, Shane! —Una voz femenina fría y autoritaria atravesó el silencioso pasillo del hospital.
Shane frunció el ceño al instante. Reconoció la voz. Era Lorelei, su hermana.
Miró hacia la puerta cerrada de la habitación de Charlee, con una sensación de inquietud recorriendo su espalda.
Casi de inmediato, Lorelei apareció ante Shane.
Llevaba un elegante traje negro a medida que se ceñía a cada curva de su cuerpo. Su largo cabello ondulado caía sobre sus hombros, e incluso el maquillaje aplicado por manos expertas no podía ocultar la furia que se reflejaba en su rostro.
—¿Dónde has escondido a Charlee, Shane? ¡Tengo que arreglar esto con ella! —Los dedos de Lorelei se clavaron en el brazo de Shane, apretándolo con fuerza.
Shane le apartó la mano con un tirón enérgico, frunciendo el ceño con severidad.
—¡Cálmate, Lorelei! Estamos en un hospital. Baja la voz.
«¿Que me calme? ¿Cómo voy a calmarme? Marc ha desaparecido por su culpa. Amaya está en una cama de hospital, enferma por su culpa, y tú quieres que me calme».
Shane apretó la mandíbula, reprimiendo su frustración. «Lorelei, aún no sabemos nada de lo que está pasando. No es momento de señalar culpables. Marc sigue desaparecido y tenemos que unirnos para encontrarlo».
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Después de conseguir finalmente calmar a Lorelei y despedirse de ella, Shane se dirigió directamente al Grupo Harris, impulsado por la urgencia. Los días pasaban lentamente. La habitación del hospital apestaba a desinfectante, en marcado contraste con la agitación que había en su interior.
Charlee yacía inmóvil en la cama, con el rostro pálido. Mirando al techo, sus delicados dedos trazaban la superficie plana de su abdomen, en un gesto silencioso de añoranza. El peso de la desaparición de Marc le oprimía el pecho, cada respiración era una lucha, mientras el mundo exterior parecía alejarse cada vez más.
«Marc… ¿dónde estás?», susurró, con voz apenas audible.
«Charlee, hay un contrato urgente del Grupo Harris que requiere tu atención». Shane entró con tranquila determinación, sosteniendo una carpeta y un bolígrafo. «Me he encargado de la mayor parte, pero esta parte necesita tu aprobación final».
Con gran esfuerzo, Charlee se incorporó, tomó el documento y hojeó el denso texto. Pero las palabras se le nublaban y no lograba entenderlas.
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