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Capítulo 639:
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Imágenes fragmentadas bailaban en los confines de su conciencia: una calle bulliciosa, un elegante coche deportivo rojo, la silueta tentadora de una mujer… Las imágenes eran como fragmentos de un espejo roto, dispersos e imposibles de recomponer.
Bettina se sentó a su lado y le masajeó suavemente las sienes con los dedos. «El médico dice que es normal. Tu cabeza ha sufrido un traumatismo y necesita tiempo para curarse. No te preocupes, estoy aquí para ayudarte».
«Gracias, Bettina», murmuró Marc, cerrando los párpados en señal de agradecimiento.
A pesar del vacío en el que se había convertido su memoria, había algo innegablemente familiar en la presencia de Bettina, una sensación reconfortante que lo envolvía como una manta suave.
«Después de todo, estamos comprometidos. Es mi responsabilidad cuidar de ti», continuó Bettina, con una sonrisa tan amable como mesurada, como si estuviera plantando semillas en un jardín de confianza.
Su madre tenía razón. Poco a poco, con paciencia, Bettina tenía que ir introduciendo la idea de la dependencia en el corazón de Marc, asegurándose de que depositara toda su confianza en la familia Walsh.
Marc no respondió más que con un suave y evasivo «mmm». La palabra «comprometidos» flotaba en el aire como un eco lejano, extraña pero extrañamente familiar, como una vieja canción medio olvidada.
«Cuando te encuentres mejor, volveremos a Zamdon», dijo Bettina, hojeando una revista con soltura. Se detuvo en una página en la que aparecía el Grupo Harris. «Este es el Grupo Harris, uno de los gigantes de Jurgh. Tú eres su director general».
La mirada de Marc se desvió hacia la página y sus ojos se fijaron en el logotipo del Grupo Harris. Una extraña sensación titilante volvió a agitarse en su interior. Director general… La palabra se le clavó en la mente, como si hubiera estado enterrada en lo más profundo de su ser, esperando a resurgir.
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Cogió la revista y sus dedos recorrieron las palabras que describían el vasto imperio de la empresa y su papel al frente de ella.
—¿Yo hice todo esto? —preguntó Marc, con un tono de incredulidad en la voz, como si estuviera tratando de deshojar capas de sí mismo que habían permanecido ocultas durante mucho tiempo. A pesar de su esfuerzo por recordar, los recuerdos seguían siendo esquivos, como si intentara atrapar la niebla.
—Sí, eres un hombre de negocios extraordinario —respondió Bettina, con una sonrisa que se amplió ligeramente y un destello de triunfo en los ojos.
Marc volvió a dejar la revista sobre la mesa, con la mente perdida en un mar de confusión.
Bettina se acercó y le tomó la mano, con voz suave y tranquilizadora. —No le des más vueltas. Descansa ahora. Cuando recuperes la memoria, todo cobrará sentido.
Poco a poco, Marc fue sintiéndose más tranquilo. Quizá Bettina tenía razón: solo necesitaba tiempo para recomponer los fragmentos de su pasado.
Al día siguiente, Charlee recibió el alta del hospital. Su palidez aún no había desaparecido del todo, pero se pintó los labios de un rojo intenso y se obligó a parecer serena al entrar en la sala de reuniones del Grupo Harris. Shane la seguía con un montón de documentos en las manos y el rostro marcado por la preocupación.
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