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Capítulo 617:
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La copa de champán casi se le resbaló a Charlee de las manos. Lo miró fijamente, con una mezcla de asombro e incertidumbre en el rostro, incapaz de responder por un momento.
—Tú… —Sus palabras se entrecortaron mientras luchaba por encontrar la voz. Esperaba que su encuentro del domingo fuera importante, pero nunca se le había pasado por la cabeza que fuera a pedirle matrimonio.
Marc la miró, con los ojos llenos de esperanza y afecto.
«Sé que he cometido errores que han causado malentendidos y te han hecho daño», dijo en voz baja. «Pero mis sentimientos por ti siempre han sido sinceros». Su mirada intensa y sincera parecía suplicarle.
El corazón de Charlee se aceleró al ver la expresión sincera de Marc, diferente a todo lo que había visto antes.
«Tú…», dijo, con las emociones a flor de piel.
—Por favor, déjame tener la oportunidad de cuidarte, protegerte y amarte para siempre —suplicó Marc.
Abrumada por la emoción, Charlee dejó que las lágrimas cayeran libremente. Se arrodilló y abrazó a Marc con fuerza, empapándole el hombro con sus lágrimas mientras lloraba.
Su voz se quebró, la intensidad de sus emociones la dejó sin palabras.
Marc le acarició suavemente la espalda, con un gesto tranquilizador. —No pasa nada —le susurró—. Estoy aquí.
Al cabo de un momento, Charlee levantó la mirada hacia él, con los ojos llenos de lágrimas, y le susurró: —Sí, lo haré.
Fuera del hotel Kingsumg, la noche bullía con el constante destello de los flashes de las cámaras. Los periodistas se agolpaban a la salida del hotel, con sus cámaras preparadas, dejando poco espacio para moverse.
«¡Señorita Sullivan! ¿Cuál ha sido su reacción a la propuesta del señor Harris?».
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«La propuesta del señor Harris ha sido increíblemente romántica. ¿Se lo esperaba?».
«Señorita Sullivan, ¿para cuándo está prevista la boda con el señor Harris?».
A pesar de sus esfuerzos, los guardias de seguridad del hotel luchaban por contener el entusiasmo de la multitud de periodistas.
Mientras tanto, en la suite, Charlee estaba envuelta en los brazos de Marc, ambos admirando en silencio las fascinantes luces de la ciudad. Marc acarició suavemente el cabello de Charlee y le susurró: «¿Estás cansada?».
Charlee negó con la cabeza, con una sonrisa de alegría iluminando su rostro. «No, solo me parece un poco… surrealista».
Marc se rió suavemente y la atrajo aún más hacia sí. —A partir de ahora, te prometo que cada día será como un sueño.
En ese momento, el teléfono de Marc comenzó a sonar. Miró la pantalla y vio que era Amaya.
—Abuela —saludó Marc en voz baja al contestar la llamada.
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