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Capítulo 616:
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Implacables, nunca se rinden.
Murmuró entre dientes, con evidente frustración.
La información de Nadia siempre era precisa.
Sin perder un instante, Charlee cogió su teléfono y dio instrucciones: «Encuentra al representante del Grupo Mosaic». Su voz era fría y autoritaria.
Un respetuoso «Sí, señora Sullivan» se escuchó al otro lado del auricular.
Charlee se quedó mirando el nombre de Nadia en la pantalla, con la mente acelerada.
La sombra del Grupo Mosaic se cernía más grande que nunca.
Reflexionó sobre la invitación de Marc para esa noche, que al instante hizo que su agenda actual de reuniones y firmas de documentos le pareciera aburrida e insignificante.
—Despeja mi agenda para esta noche —ordenó Charlee por el intercomunicador, con voz firme y decidida.
Su asistente respondió rápidamente: —Sí, señora Sullivan.
Tras colgar, Charlee marcó el número de Marc. —¿Dónde te encuentro?
«En el Hotel Kingsumg», respondió Marc, con un tono profundo y burlón que sugería que estaba esperando su llamada.
¿El Hotel Kingsumg? Charlee frunció ligeramente el ceño. Ese era el hotel que Marc solía elegir.
Impulsada por la curiosidad, dijo: «Allí estaré», y mantuvo la conversación breve. Después de colgar, cogió su abrigo y salió de la oficina con determinación.
Al llegar al Hotel Kingsumg, Charlee abrió la puerta de la suite presidencial en la última planta, solo para encontrarse con una escena completamente diferente al ambiente de negocios que había imaginado.
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En lugar del habitual papeleo y el mobiliario de oficina, la habitación estaba iluminada por la cálida luz de las velas. Había rosas en cada rincón y el delicado aroma del champán flotaba en el aire.
Marc estaba de pie frente a una ventana que iba del suelo al techo, vestido con un elegante traje negro y con una copa de champán en la mano. Admiraba el brillante paisaje nocturno de la ciudad, de espaldas a la habitación.
Cuando la puerta se abrió, se giró con suavidad y esbozó una cálida sonrisa, con los ojos brillantes de ternura.
—Ya has llegado —dijo con una voz profunda y resonante, que denotaba una sutil tensión.
Charlee dudó, mirando a su alrededor con confusión.
—¿Qué estás insinuando? —preguntó, frunciendo el ceño.
Marc se acercó a ella, le entregó la copa de champán y se arrodilló. Sacó una elegante caja de terciopelo del bolsillo de su traje y la abrió.
En su interior, un anillo de diamantes brillaba intensamente bajo la suave luz de las velas. —Charlee —su voz tembló ligeramente—. ¿Quieres casarte conmigo?
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