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Capítulo 520:
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Él asintió brevemente con la cabeza y siguió al asistente hasta donde esperaba Lorelei.
La oficina de Lorelei era luminosa y espaciosa. Ella estaba sentada con aire seguro en un sillón de cuero, y su elegante traje negro realzaba su imponente presencia. Con aire despreocupado, dejó caer una pila de fotos sobre el pulido escritorio, que aterrizaron con un suave clic.
Las imágenes se esparcieron, revelando a Slater y Charlee cenando en un restaurante y a Slater dejando más tarde a Eunice en su residencia. Cada foto había sido tomada con astuta precisión.
Una sonrisa burlona se dibujó en el rostro de Lorelei, y sus labios rojos se torcieron en una sonrisa burlona. —Señor Quimby, ¿llama usted a esto una colaboración sincera? A pesar de la acusación, Slater mantuvo la compostura mientras se acomodaba en un sofá.
—Señorita Jensen, no hay motivo para preocuparse.
Lorelei soltó una risa fría. —¿Un representante del Grupo Mosaic aquí solo para coquetear? Quizás debería ahorrarnos a ambos la molestia y marcharse cuanto antes».
«No se preocupe, señorita Jensen. Tengo todo bajo control».
Sus miradas se cruzaron y se produjo un enfrentamiento silencioso que llenó la habitación de una tensión evidente.
El ambiente en la oficina estaba cargado de una tensión casi palpable. Slater, con una sonrisa astuta y cómplice que no llegaba a sus ojos, parecía divertido por el drama que se estaba desarrollando.
Al margen, Lorelei permanecía de pie, con una expresión que mezclaba confusión e incredulidad.
En un repentino arrebato de lucidez, o tal vez de desesperación, arrebató la invitación de la mesa y la lanzó con fuerza al suelo. Esta rodó por el suelo hasta detenerse junto a los zapatos lustrosos de Slater.
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La invitación le llamó la atención y allí, en letras nítidas, estaban los nombres de Marc y Charlee. Slater se inclinó ligeramente, la recogió y rozó con el pulgar las letras doradas en relieve, con una sonrisa ahora teñida de un halo de triunfo.
—Señorita Jensen, solo se trata de un matrimonio por alianza corporativa. ¿A qué viene tanto teatro? —preguntó con voz suave, casi persuasiva.
—¿Un matrimonio por alianza corporativa? —La voz de Lorelei fue cortante y su mirada gélida cuando respondió. —Slater, ¿de verdad crees que soy tan ingenua? ¿Qué estás tramando con Charlee y Eunice? —
Slater se irguió y la miró fijamente, con una mirada penetrante—. Pronto comprenderás mis planes —respondió con tono enigmático.
Con un movimiento casual de la muñeca, arrojó la invitación sobre la mesa y se alejó sin mirar atrás.
—¡Slater, detente! —gritó Lorelei, con la voz quebrada por una mezcla de ira y desesperación.
Slater se detuvo, pero no se volvió hacia ella. Por encima del hombro, lanzó su última frase. —Señorita Jensen, el espectáculo no ha hecho más que empezar.
Luego, con un empujón decidido, abrió la puerta y salió de la oficina, dejando a su paso un silencio atónito.
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