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Capítulo 521:
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Lorelei se quedó paralizada, con la mirada fija en la figura de Slater que se alejaba, y los puños cerrados en un gesto de frustración silenciosa.
Si el Grupo Mosaic no apreciaba su valía, ella tomaría las riendas y les demostraría lo que se habían perdido. Decidida, Lorelei se negó a quedarse de brazos cruzados mientras esa otra mujer usurpaba su codiciada posición junto al Sr. Harris.
Respirando profundamente, Lorelei intentó controlar sus emociones. Mientras tanto, Charlee entró con determinación en la oficina del director general, el taconeo de sus zapatos de tacón alto amortiguado por la lujosa alfombra.
Se dirigió directamente a su escritorio y se sentó en la silla con aire de autoridad.
—Lisa —comenzó Charlee, con voz clara y autoritaria—. ¿Cómo han ido las cosas hoy en mi ausencia?
Lisa, la asistente recién nombrada de Charlee, estaba impecablemente vestida con un elegante traje negro, el pelo recogido con cuidado y un maquillaje discreto pero impecable. De pie frente al escritorio de Charlee, juntó las manos y apartó la mirada momentáneamente antes de recuperar la compostura.
Con una sonrisa ensayada, Lisa respondió: «Sra. Sullivan, el día ha sido bastante rutinario. No ha habido ningún incidente significativo».
La mirada de Charlee se agudizó, recorriendo la expresión cuidadosamente neutra de Lisa. Percibió una discrepancia, una sutil tensión en el aire.
Esa mañana, Lisbeth había llevado a Charlee de improviso a elegir artículos para la boda, sin decirle nada a Lisa. Era inusual que Lisa no tuviera ninguna pregunta o asunto urgente que tratar, y su actitud excesivamente serena parecía más una máscara que una calma genuina.
Lisa sintió el peso de la mirada escrutadora de Charlee, y un ligero nerviosismo le humedeció las palmas de las manos.
«¿Así que no hay ningún documento urgente que requiera mi atención hoy?».
Lisa exhaló un suspiro de alivio. —No, señora Sullivan. Me he asegurado de que todo lo urgente ya esté resuelto.
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—Muy bien, puedes retirarte —respondió Charlee secamente, volviendo a centrar su atención en su escritorio. Una vez que Lisa se hubo marchado, Charlee abrió con indiferencia un expediente y se sumergió en su contenido.
Durante los días siguientes, la oficina se sumió en un silencio profundo, casi fantasmal.
—Charlee —llamó Lisbeth con voz melosa—. ¿Qué tal si mañana vamos a elegir los dulces para la boda? He oído muy buenas críticas sobre una nueva boutique que ofrece exquisitos chocolates artesanales.
Charlee se detuvo, dejó el bolígrafo y se masajeó las sienes con cansancio. Era la tercera vez en una semana que Lisbeth utilizaba la boda como cebo para alejarla de sus obligaciones en la empresa. Su paciencia se estaba agotando, pero logró ocultar su irritación con una expresión pulida y neutral.
«Ya veremos», respondió Charlee con cautela, sin comprometerse. «Todavía me queda mucho trabajo en la empresa».
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