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Capítulo 519:
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La emoción se apoderó de Eunice y se le llenaron los ojos de lágrimas. Suavemente, se acercó a él. —Señor Quimby, no me encuentro muy bien. ¿Podría llevarme a casa?
Acercándose, fingió estar débil, con el cuerpo frágil.
Sorprendido, Slater retrocedió instintivamente.
El corazón de Eunice se aceleró al verlo alejarse y, en un movimiento audaz, lo agarró del brazo.
En ese instante, su primer encuentro le importaba poco.
La expresión de Slater se ensombreció al sentir su contacto, y aunque se abstuvo de rechazarla abiertamente, su disgusto era evidente.
Animada por su respuesta pasiva, Eunice se sintió más segura. Lo miró con afecto y le dijo con voz melosa: —Señor Quimby, ¿sabía usted que Charlee estuvo comprometida, pero que la relación terminó porque tenía muchos amigos íntimos, según mi padre? —Su tono era comprensivo, pero sus palabras tenían un matiz sarcástico, burlándose sutilmente de Charlee por sus supuestas infidelidades.
Sorprendido por sus palabras, Slater se dio cuenta de que la dinámica familiar de los Sullivan era más complicada de lo que parecía. «Señorita Sullivan, la llevaré a casa».
«Gracias, ¿puedo llamarlo Slater?», preguntó Eunice, actuando con excesiva familiaridad.
Slater no dijo nada, lo que Eunice interpretó como una afirmación.
Al poco rato, Eunice estaba sentada en el asiento trasero del Bentley de Slater, hablando sin parar. —Slater, a pesar de la imagen que Charlee da en público… —Titubeó, luchando con sus revelaciones—. He oído que ha salido con muchos chicos, a veces incluso con varios a la vez. —Tenía los labios apretados—.
«¿En serio?», preguntó Slater con voz indiferente, ocultando cualquier emoción subyacente.
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«¡Por supuesto!». Animada por la aparente confianza de Slater, Eunice añadió más detalles a su historia.
«Desde que era niña, Charlee ha sido el centro de atención. Mi madre siempre decía que ella…».
Eunice compartió con entusiasmo una historia sobre el turbulento pasado de Charlee, relatando escándalos de su época escolar y sus numerosas relaciones sentimentales en la universidad. Una tenue mezcla de perfume y el dulce aroma de Eunice inundó el coche, causando cierta incomodidad a Slater.
Mientras Eunice seguía hablando, la atención de Slater se desvió aún más.
Al llegar a la entrada de la villa de la familia Sullivan, Slater saludó cortésmente a Eunice con la cabeza antes de marcharse.
Sin que él lo supiera, Eunice se quedó allí, viendo cómo desaparecía su coche, con una sonrisa de satisfacción en los labios.
Eunice estaba eufórica, había logrado lo que se había propuesto. Slater llegó al aparcamiento del edificio del Grupo Jensen treinta minutos más tarde.
Al entrar, fue recibido inmediatamente por la asistente de Lorelei. —Señor Quimby, la señorita Jensen le espera —dijo la asistente con una reverencia respetuosa, indicándole que la siguiera.
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